Los hechos dicen la verdad (I)

Por Wang Jian*
Yo, en mi calidad del encargado de negocios de la República Popular China acreditado en Colombia, le agradezco muchísimo a este importante diario del país que me haya concedido un espacio para mi pequeño artículo que espero que sea una versión que en lugar de conflictar contra las ya muchas que vienen publicándose últimamente sobre el particular, será una voz participativa en un entorno democrático de expresiones, y en lugar de intentar imponer mis criterios, se apresta a ofrecer al público otro ángulo de visión para conocer de fondo un problema tan complicado como el tibetano.
Muchas veces me han preguntado ¿por qué el asunto tibetano se ha vuelto tan llamativo hoy día? Mi respuesta es sencilla: el tema del Tíbet no es nada nuevo y entró en su existencia desde 1959 cuando el Dalai Lama se refugió a India donde se estableció un gobierno en exilio tras una fallida rebelión armada.
La razón por la que este tema se ha dimensionado de manera extraordinaria últimamente ha sido porque China va a ser el anfitrión de los Juegos Olímpicos de 2008. No ha dejado de entreverse la intención de politizarlos y por lo tanto, todo lo que ha acontecido en torno al Tíbet hasta ahora ha dejado en clara evidencia que el único y exclusivo propósito de la camarilla del Dalai y sus seguidores no es sino para trabar el feliz desarrollo de este gran evento deportivo mundial y difamar al gobierno chino mediante las actuaciones violentas y criminales, ya sea en Lhasa, Tíbet, como ocurrió el 14 de marzo, o sea en Londres, Paris y San Francisco, donde el recorrido de la Llama Olímpica era violentamente atacado e interrumpido por los manifestantes tibetanos y/o protibetanos en estos días.
Lamentable resulta indicar que la mejor voluntad del gobierno chino y su pueblo de hacer de la próxima Olimpiada un gran evento que simboliza el espíritu de paz y la armonía de las naciones de nuestro planeta a través de la competencia deportiva ha sido brutalmente violada y el mayor anhelo del mundo de respetar al sagrado espíritu olímpico de no politizarlo ha sido desgraciadamente irrespetado.
Pese a todo esto, China mantendrá firme con su compromiso de ofrecer al mundo una Olimpiada de primera y mostrar al mundo por medio del evento un país en progreso y convencido en vivir en paz y armonía con el resto del mundo.
Igualmente me han preguntado muchas veces: ¿por qué las opiniones generales aquí están pro Dalai Lama? Mi respuesta también es sencilla: si yo fuera un colombiano sin conocer toda la historia tibetana, ni saber cuán distante ha sido lo que dice de lo que hace el Dalai Lama, me dejaría llevar por sus atractivas tesis como “no Violencia”, “el Camino Intermedio”, “la autonomía verdadera”, etc., y sobre todo por el gran honor del ganador del Premio Nóbel de Paz. Tal y como si yo no estuviera en Colombia viviendo lo que está pasando diariamente en este país y siendo un testigo más del constante mejoramiento de la situación de seguridad que viene lográndose gracias a la política de seguridad democrática del gobierno colombiano, me quedaría con la obsoleta impresión de que Colombia, a pesar de ser un país bonito, no era recomendable tomarlo como un destino turístico, ni mucho menos un lugar ideal para hacer inversiones por altos riesgos de seguridad.
A este factor del desconocimiento general de la realidad tibetana se suman los otros, pero de criterios occidentales que muchas veces tienen como telón de fondo un color ideológico para intentar ejercer presiones políticas sobre China. Como cualquier país del mundo que tiene problemas e imperfecciones, China es más consciente que nadie de los suyos, que se presentan en el proceso de apertura y modernización, China se preocupa más que nadie por tenerlos mejorados y superados de manera gradual bajo el contexto nacional y de la globalización mundial y China sabe respetar y hacerse respetar en lo que se refiere a los intereses nacionales y los asuntos soberanos sin aceptar presiones mal intencionadas, ni mucho menos expresadas en forma violenta.
Seguramente el lector quedará insatisfecho con las respuestas arriba expuestas. Me asiste mayor razón de poner en pleno conocimiento y juicio del público colombiano lo que realmente ha sucedido, contándole las verdades histórica y actual sobre el Tíbet y el Dalai con el propósito de aclarar algunas de las dudas e inquietudes que a lo mejor pueda tener nuestra audiencia.
1. Sobre la “no Violencia” y el Incidente de Lhasa
Hasta hoy en día, en las pantallas televisivas internacionales siguen con la imagen del Dalai repitiendo su tesis de “No Violencia”. Sin embargo, ante los actos violentos cometidos últimamente por sus seguidores, él ligeramente eludió la responsabilidad diciendo que esto ya se pasó de su mano. Pero las graves consecuencias resultaron demasiado pesadas como para ser eludidas ligeramente.
El incidente ocurrido el 14 de marzo pasado en Lhasa no era de ninguna manera una manifestación pacífica ni la actividad de “no Violencia” como declaraba la camarilla del Dalai, sino puros crímenes de violencia, de los cuales quedaron un saldo de 18 inocentes muertos, incluido un bebé de apenas un año de edad, 382 ciudadanos heridos, entre ellos 58 en grave estado, más de 300 sitios incendiados, incluidos 7 escuelas, 5 hospitales, 908 comercios y 120 residencias, causando enormes daños a la vida y propiedad del pueblo local con una pérdida directa de 250 millones de yuanes.
*Encargado de negocios de la Embajada Popular China