La Guajira: un departamento rico, pero pobre en desarrollo

El departamento de La Guajira es uno de los más rezagados en desarrollo de los 32 de Colombia. A pesar de ser esta península una región privilegiada por su posición geoestratégica, ubicada en la cabeza del país, de frente al Mar Caribe y con 403 kilómetros de litoral y más de mil kilómetros de frontera viva internacional, cuenta también con 11 cuencas hidrográficas en la Sierra Nevada de Santa Marta y cuantiosos recursos hidrobiológicos marinos.
También posee la población indígena más grande del territorio nacional, convirtiéndose en un Departamento multiétnico y pluricultural.
Además, tiene la Mina de Carbón a cielo abierto más grande del mundo, como es El Cerrejón, en plena etapa de explotación y expansión, con 28 millones de toneladas anuales; las salinas de Manaure y Bahía Honda que producen aproximadamente mil toneladas de sal mineral anual para el consumo humano y animal explotadas de forma artesanal; y las plataformas de gas natural de Chuchupa y Catalina que abastecen a la Costa Caribe y al resto del país.
También posee energía eólica, aprovechando la explotación de los fuertes vientos del nordeste en la alta Guajira para generar energía limpia y más barata, que actualmente se encuentra en la etapa experimental desarrollando un proyecto piloto.
Todas estas ventajas comparativas convierten al Departamento en uno de los más atractivos destinos turísticos del Caribe colombiano, por su fortaleza en la naturaleza, el ambiente y el componente étnico para el turismo de descanso, aventuras, negocios y el desarrollo científico y tecnológico.
Pero si echamos un vistazo a muchas páginas del recorrido histórico de La Guajira, encontramos que en sus más de 40 años de vida institucional, el Departamento por su condición de fronterizo y por estar ubicado en una zona de régimen aduanero especial, convivió por muchos años con la ilegalidad y el contrabando en la zona de fronteras, convirtiéndose este factor en determinante no sólo del poder adquisitivo de la moneda como medio de subsistencia sino como fuente de trabajo que ocupaba la mayor parte de la población en edad económicamente activa, dinamizando la economía departamental.
Luego se vive una etapa de transición en donde la bonanza marimbera le da continuidad al ingreso del dinero fácil a la región, procedente de los cultivos ilícitos, especialmente la marihuana, donde es notable en todos los estadios de la sociedad guajira el flujo de efectivo circulante, apreciándose más en el desarrollo urbano con suntuosas mansiones y viviendas lujosas, y el aumento del parque automotor del departamento.
La etapa actual la representa la bonanza minera, es decir, los cuantiosos recursos que por concepto de la explotación del carbón mineral, el gas natural y la sal recibe La Guajira representados en las regalías, para que se inviertan en el departamento en acciones, programas y proyectos de interés general que mejoren la calidad de vida de la población guajira.
Sin embargo, el Departamento a pesar de ser una región para apostarle en productividad y competitividad en la actual coyuntura histórica de la globalización, más bien presenta una deficiente oferta de servicios públicos básicos con coberturas por debajo de la media nacional y también presenta altos indicadores sociales, que lo muestran como un territorio pobre por cuanto sus habitantes conviven entre la pobreza y la indigencia, especialmente los indígenas quienes representan el 42% de la población total.
Lo anterior ubica al Departamento en los últimos lugares de competitividad en el ranking en Colombia, según estudios de La Dirección Nacional de Planeación (DNP) y la Cepal, especialmente en indicadores de gobierno e institucionalidad, gestión empresarial, ciencia y tecnología y gestión ambiental, entre otros.
Pese a recibir el Departamento por concepto de regalías en los últimos 10 años más de un billón y medio de pesos, el panorama es desalentador, no se ha redimido del rezago y el subdesarrollo ni se aprecian obras de verdadero impacto y transformación para la región, por lo cual se le compara con regiones atrasadas del país como Chocó y regiones atrasadas y apartadas del mundo desarrollado en el sur de África.
El tortuoso camino de la ilegalidad y los cuantiosos y abundantes recursos naturales renovables y no renovables tampoco han logrado reducir la brecha social en La Guajira, ha habido abundantes recursos económicos, pero también ha reinado el despilfarro y se han dilapidado importantes esfuerzos y recursos que hubieran hecho más prospera esta tierra preñada de riquezas naturales.
De lo anterior se concluye, que el factor cultural ha incidido en el retrazo y subdesarrollo que vive La Guajira, porque el recurso humano que ha orientado la institucionalidad le ha faltado visión de la responsabilidad social empresarial para enfrentar retos y desafíos con enfoque de largo plazo y pensando más en las próximas generaciones que en las coyunturas presentes, tampoco se ha asumido el desarrollo como un compromiso solidario, donde concurran la academia, el sector productivo, el sector privado y el sector público en la orientación de las políticas públicas regionales, sino que se ha dejado la responsabilidad misional en el departamento como cuerpo intermedio del estado.
Todo esto se refleja en inversiones públicas atomizadas, sin sentido estratégico, falta de direccionamiento político y estratégico desde lo público y, como consecuencia de ello, despilfarro del recurso público, baja calidad de vida en la población, desarticulación del resto del país y baja interlocución con el nivel central y la base económica regional enclavada sin representar valor agregado al desarrollo de la zona, lo cual conlleva a que el Departamento no tenga un rol protagónico en el concierto nacional.
De lo cual se deduce que los esfuerzos institucionales en el futuro inmediato deben orientarse a invertir importantes recursos en el desarrollo de la sociedad del conocimiento, en la ciencia, la tecnología y la innovación y también en el mejoramiento de la institucionalidad y en dinamizar la economía extractiva para generar valor agregado al desarrollo regional, ya que si todos los planes y programas que desde la región se han visionado y estructurado se hubieran ejecutado, La Guajira sería un modelo de desarrollo para el país, pero no es así, los planes de desarrollo han quedado como recetarios de buenos deseos porque muy poco se le presta atención a la planeación estratégica y financiera de esta entidad territorial.