Cuando comenzó esta eliminatoria, el panorama era sombrío. Acababa de pasar la Copa América en la que el papel de nuestra selección fue calificado como de desastroso.
El primer partido era contra el todopoderoso Brasil. A todos nos aterraba el compromiso. Las cábalas presagiaban una estruendosa derrota en la primera salida. El técnico presentó una formación criticada en las previas, pero que al final resultó haciendo un papel decoroso. El resultado fue un empate que bien pudo ser una victoria si no se hubiese jugado con el temor de la derrota. Los siguientes partidos trajeron la esperanza.
Contra Venezuela y Argentina apareció Bustos y se sumaron seis puntos, más uno frente a Bolivia. Luego, empate tras empate y se llegó como único invicto a la llave Uruguay Chile. Y vino el desastre. Derrota uno a cero frente a Uruguay, como local, y goleada frente a Chile. Vino la destitución del director técnico, y hoy volvemos al comienzo. Termina la primera vuelta enfrentando al líder sólido que es Paraguay y luego se comienza la segunda vuelta frente a Brasil, como visitantes.
Comenzamos de nuevo en medio de la crisis, con nuevo técnico y luego de dos derrotas consecutivas. Los presagios no son buenos. Sin embargo, para las nuevas salidas también hay aspectos positivos.
Si bien nadie podrá decir que Jorge Luis Pinto no sea un buen entrenador y un conocedor del fútbol, de las tácticas y estrategias, no se puede decir lo mismo acerca de sus dotes como seleccionador. Un seleccionador no trae jugadores para enseñarles nada. Sólo debe escoger a los mejores del momento, que jueguen a lo que él pretende y decirles lo que pretende, y hasta ahí. Lo demás es motivación y lograr que sus jugadores escogidos dejen el cuero en la cancha por su técnico.
Y para eso se requiere a una persona con carisma, a quien los jugadores –que al fin y al cabo son los que juegan- vean como a un amigo. En eso se equivocó Pinto. Todo parece indicar que se indispuso con varios de los jugadores más influyentes en el equipo. Las consecuencias están a la vista. Además, excluyó jugadores importantes y se la jugó con otros que no respondieron pero en quienes él, tozudamente, insistió.
Lara parece que tiene otro temperamento y otro estilo. Hoy se nota alegría en los jugadores y eso es importante. La nueva situación despierta optimismo –al menos en mí-.
Para cuando esta columna sea publicada ya se habrá jugado el partido del sábado y espero que el marcador sea halagador para los nuestros, obteniendo una victoria ante Paraguay que si bien es un equipo fuerte, no es invencible. Creo que se logrará.
Después viene Brasil y si se quiere clasificar es preciso arrancarle aun cuando sea un punto. Ojalá mis deseos se cumplan y logremos enderezar el camino hacia el mundial que parece se estaba torciendo.
Para ello es preciso conseguir anotar goles. Y los goles se consiguen con volumen de ataque, no con juegos ultradefensivos. Si bien me preocupa que nuestro técnico saldrá con tres volantes de marca –ojalá Bedoya no se haga expulsar y Giovani, por fin y con confianza, responda-, parece que es buena la idea de controlar el medio campo que es el arma fuerte de los paraguayos.
Esperemos confiados en la respuesta de ese grupo humano que lleva nuestra representación y que como buenos colombianos nuestros muchachos respondan frente a la presión. Buena suerte.
También vuelvo a creer en la posibilidad de clasificar.
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Leovedis Elías Martínez Durán