Con el propósito de ambientar y socializar, como se dice ahora, el Proyecto de desarrollo Integral de la Serranía de Perijá, me desplacé a La Paz para preparar la parte logística de tal empeño, y en la cual me esperaba el entusiasta y excepcional dirigente comunitario doctor José María Oñate para trasladarnos luego a la Alcaldía Municipal, regentada hoy por el dinámico y bien intencionado profesional Dr. Gerardo Gutiérrez.
Allí recibimos la gentilísima invitación del doctor Carlos Murgas Guerrero a un almuerzo en la hacienda aludida. Tuve la oportunidad de expresarle a Carlos las grandes preocupaciones que me embargan por la suerte del Cesar y en un coloquio ameno y cordial con anécdotas y tintos a bordo, pude explicarle en detalle el propósito de mi visita.
Luego con la proverbial generosidad y el señorío que lo distinguen nos invitó al Alcalde, a su padre Gregorio Gutiérrez y a mí a visitar las instalaciones de su finca, que constituye el emporio de sus sueños y realizaciones y que ha hecho de las empresas que dirige una de las principales del país.
En este lugar se está realizando el más grande ensayo de explotación de la palma de aceite para extraer biocombustibles y procesar cincuenta mil litros diarios, en una elaboración continua, con tecnología de punta digna de imitar en Latinoamérica.
En esa empresa nada es improvisado, todo está como se dice en la jerga común ‘fríamente calculado’, con una dinámica admirable, un sentido de pertenencia inigualable y una consagración y empeño total para obtener el éxito. Tanto el personal técnico como el administrativo está dirigido y enmarcado dentro de una concienciación de las metas propuestas, todo bajo la figura cimera de Carlos, que con una cordialidad envidiable y con afectuosa camaradería le imprime un toque de convivencia; además, con un pulso firme vigila cuidadosamente el cumplimiento de las obligaciones pertinentes.
De la polifacética personalidad de este líder gremial, hecho a pulso, acrisolado en los valores de sus antepasados y en especial de su abuelo Don Carlos Murgas Puche, quienes forjaron en él, yo diría que una política social única consistente en que toda la gente que lo rodea recibe beneficios y prebendas nunca vistos en otra empresa.
Yo añadiría que este es un ejemplo vivificante para las relaciones obrero patronales del país, puesto que allí se palpa que no hay sindicato que solicite reivindicaciones, porque todas éstas han sido atendidas copiosamente y existe un proceso de mejoramiento continuado del personal que permite ir preparando y reemplazando dentro de su misma planta los trabajadores que dirigirán las fábricas y empresas en general.
Este modelo, diría yo, es de un “godo socialista” con un corazón tan grande que irradia en familiares y extraños una sensación de generosidad infinita. Carlos tiene un radio de acción muy amplio en sus diferentes empresas, como son la de Tibú, María La Baja, Regidor y principalmente el centro de sus operaciones que es la Hacienda Las Flores, adonde lleva los productos para su procesamiento final.
Todo lo que se dice en este escrito resulta pequeño e incompleto para alabar la magnitud de la obra que realiza Carlos Murgas Guerrero. Prueba de ello es que produce su propia semilla de palma, luego de una investigación exhaustiva y de mejoramiento perenne en la producción de la misma y ha entregado a los palmicultores más de cuatro millones de plántulas en condiciones óptimas para su producción, con los más altos índices de toneladas por hectárea.
Pero el esfuerzo creador no termina allí. Está haciendo un ensayo único por la sencillez y la productividad del mismo en la explotación de ganadería en confinamiento, con resultados exitosos en el cruce de Brahman con Agnus, sacando novillos de quinientos kilos en tan solo veinte meses, aprovechando los subproductos de su propia finca y obteniendo unos excelentes precios en la carne que comercializa.
Al término de la visita, después de un suculento almuerzo y de un interesante recorrido por la misma, regresé con la inmensa satisfacción de que no todo está perdido en nuestro departamento y que hay personeros como Carlos que encienden una luz de esperanza real en el porvenir de esta región, tan abatida últimamente por la desintegración de la sociedad y por la falta de líderes que la convoquen.
Podría decirse en este caso la frase que repetía con insistencia el ex presidente Eduardo Santos: “Ya hay luz en la poterna y guardián en la heredad”.
No podría terminar estos comentarios sin afirmar que detrás de este importante hombre se mueve una gran mujer como María Victoria Dávila Dangond, extraordinaria compañera, inteligente, trabajadora sin par y con una distinción y señorío a toda prueba.
Alfonso Araujo Cotes