Al debernos a nuestros lectores se impone la cortesía para con ellos y sorprendiéndonos los acercamientos generacionales, que demuestra su atención epistolar, hacia decantadas y añosas expresiones musicales que en nuestra columna hemos intentado expresar e identificar y siendo necesario no alejarse demasiado de tan dilecto público, deseo satisfacer su curiosidad y, en apretada síntesis, plasmar en líneas rápidas las mejores expresiones musicales de la Mayor de las Perlas de las Antillas.
Miguel Faílde, músico matancero, estrenó en 1879 el primer danzón cubano ‘Las alturas de Simpson’, en dos secciones de 16 y 32 compases interpretado por la llamada orquesta típica. Esta estructura formal se amplía en 1910 con el ‘montuno’ que incluye el son por parte del compositor José Urfé, caracterizada por un continuo rítmico-armónico, sobre el cual algunos de los instrumentos tejen su improvisación.
Otra creación surge en poco tiempo y es el género bolero-son gracias a las innovaciones que introduce Miguel Matamoros y su Trío, con la inmortal “ Lágrimas negras” . Esta neoestructura configura la pieza en dos secciones básicas, contrastantes en carácter y desde sus cambios de tempo, A es sección de Bolero, y B es sección de Montuno, con universal aceptación e impactante proyección superior a la de cualesquiera otro género de la música popular cubana. No obstante en su creación Matamoros se inclinaba por el son (99) y un centenar de boleros y bolero-son, aunque en la práctica tendieron a confundirse ambas modalidades. Otro hito relevante fue la proliferación de inolvidables orquestas y de formato charanga, así como reconocidos intérpretes, entre quienes resaltamos a la Orquesta de Antonio M. Romeo y su cantante Barbarito Díez(La Voz); Paulina Álvarez (La Emperatriz) y la orquesta Almendra, y la de Belisario López y Abelardo Barroso, y Ernesto Lecuona, la Sonora matancera o el Conjunto Caney, con las voces de Miguelito Cuní, Joseíto Fernández y Carlos Embale.
Así como dúos, tríos y cuartetos que integraron, entre otros: Voces del caney, Trío Taicuba, D’Aida, Llópis-Dulzaides, el sexteto y el septeto tradional de Ignacio Piñeiro, Habanero, el Conjunto Los Naranjos con su cantante Humberto Rodríguez, a los que se unen el destacado tresero, compositor y director Arsenio Rodríguez, que evoluciona con la integración de trompetas, percusión y tumbadora, lo cual adoptan agrupaciones de tanto prestigio como Marcelino Guerra y su sucesor Félix Chapottín, con su estrella Miguelito Cuní, el mismo que interpreta:
“CONVERGENCIA”: Aurora de rosa en amanecer,/ nota melosa que gimió el violín,/
novelesco insomnio do vivió el amor, así eres tú mujer, principio y fin de la ilusión,/
así eres tú en mi corazón, / así vas tú de inspiración./ Madero de nave que naufragó,/
piedra rodando sobre sí misma, / alma doliente vagando a solas, / de playas olas, así
soy yo,/ la línea recta que convergió, / porque la tuya al final vivió.
( Música:Marcelino Guerra, Letra: Bienvenido Julián Gutiérrez)
La evolución diacrónica que ocurre con la estructura rítmico-armónica del danzón deriva con naturalidad hacia el mambo de nuevo ritmo con la paternidad de Orestes López y Dámaso Pérez Prado, y su génesis en los danzones de Israel, Coralia López y Enrique Jorrín. Acontecimientos que afloran en 1937, con los aportes del eminente flautista Antonio Arcaño quien, con la creación de su charanga “Arcaño y sus maravillas”, conformada por estelares músicos de la época, entre los que se cuenta el contrabajista y violonchelista Orestes López con su creación “Mambo”, deviene en el género que avasalla el gusto de las orquestas y arreglistas de los formatos jazz band con percusión cubana y el gusto del público del continente y del mundo.
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Jairo Tapia Tietjen