“Que sepan que aquí hay parranda en El Cafetal
que traigo despierto el villanuevero
Yo tengo amor para el mundo entero
y quiero algo bueno para mi”. Jorge Celedón.
Con la llegada de la Política de Seguridad Democrática (más militares, más policías), se incrementó el enfrentamiento armado contra las guerrillas y se dispararon las muertes selectivas, debido a que muchos milicianos desertores se adhirieron a las AUC. Lo que los militares no podían hacer, los paramilitares lo hacían.
Pero ahora sucede que, después de ese período de ultra violencia, estamos gozando de una pacífica algarabía que no sabemos si es espartana o efímera. Se ha logrado identificar e individualizar a algunos autores materiales de delitos y la alta tasa de homicidios bajó prácticamente a cero.
La presencia de una base militar permanente, la reinauguración de las oficinas de la fiscalía y sus dependencias, el aumento del número de policías por habitante y la parcial desmovilización paramilitar hizo que el pico de violencia se redujera hasta llegar a que hoy los levantamientos técnicos de cadáveres que se hacen sean por accidentes de tránsito y las muertes por armas de fuego sólo se produzcan en zonas rurales, producto de enfrentamientos entre soldados campesinos con grupos armados ilegales, pero en el casco urbano se está disfrutando de cierta tranquilidad: “Se podría decir que ahora mismo, en nuestra jurisdicción, no hay muertes violentas- dijo uno de los miembros del CTI de la autoridad municipal- los levantamientos de cadáveres que hemos hecho el año pasado y este año han sido por accidentes de tránsito, un par de suicidas que se ahorcaron y pasionales”.
Contradiciendo al silencio, precedente y posterior al miedo, ahora hay muchachos que amanecen parrandeando frente a sus casas, de puertas y ventanas abiertas, que salen a las terrazas, que dan serenatas y la mayoría parece no querer cambiar la vida social que están llevando para volver al mutismo, a la desconfianza o al confinamiento. Todavía son muchos los problemas de La Villa, pero al menos La Calle del Comercio, que prácticamente había desaparecido, ahora junto al jolgorio ha resurgido y, a pesar de que aún se siente en el aire del pueblo la misma corriente de brisa fresca que baja de las serranías desde antes de los años del silencio, ahora se respira un aire que ofrece una caricia que atenúa las heridas que produjo la crueldad de los enfrentamientos que se libraron entre sus calles. En la actualidad la institucionalidad se ha restablecido, ahora aparentemente todo depende del Estado y de los habitantes de la población de cuya atmósfera siguen naciendo las más auténticas canciones vallenatas.
Jarol Ferreira