‘De todo y para todos’ fue el eslogan que le puso don Rubén Emilio Argote Reales al almacén y sastrería REAR, una empresa que ideó y puso en marcha en el Valledupar de los años cincuentas.
Rubén Argote Reales, natural de La Jagua de Ibérico - yo estaba convencido que era oriundo de Chiriguaná - estaba establecido en el para entonces corregimiento de La Jagua de Ibirico, donde se dedicaba a la ganadería. Los ganados los llevaba de Valledupar, suministrados por don Amador Ovalle.
Estaba casado con doña Tulia Fuentes, maestra del pueblo, posteriormente profesora del colegio femenino Prudencia Daza. En el año 1950, con ocasión del asesinato, en La Jagua de Ibérico, de su suegro Tulio Fuentes, decidió venirse a Valledupar y montar el más moderno negocio de confección y venta de ropas en Valledupar.
Allí nació el Almacén y Sastrería Rear, un almacén que tenía ‘de todo y para todos’. Fue pionero en la sastrería, oficio aprendido en la ciudad de Barranquilla, de donde trajo a un grupo de sastres, entre los que se destacan Jorge Cantillo, quien después montaría otra sastrería, la ‘Sastrería Imperio’, que funcionó en el local donde había estado el Almacén Ford, de Enrique Vargas Fonseca.
También vendrían a acompañar a don Rubén, en su empresa, Humberto Calderón, el padre del doctor Henry Calderón, hoy Juez de la República; Santander López, Luis Betín, quien después se fue a Barranquilla cumpliendo el proceso inverso, aprendió en Valledupar y se fue a ejercer en Barranquilla; Enrique Calderón, hoy próspero cambista, y un bogotano, el maestro Alejandro Gutiérrez.
El Almacén y Sastrería Rear estuvo instalado en el sitio donde hoy está el Hotel Bajamar; era un establecimiento elegante, lleno de luces y espejos. Fue un establecimiento que desbordó al villorrio atrasado que era el Valledupar de entonces y sobrevivió hasta mediados de la década de los setentas.
Pero Rubén Argote Reales no sólo fue un empresario pujante, pionero en el negocio de la sastrería en la ciudad, sino que es un hombre culto, amante de la buena lectura, además de un conversador agradable. Debo confesar que desde hace más de treinta años gozo de la amistad de este señor en todo el sentido de la palabra, en quien es necesario destacar su don de gente.
Desde cuando conozco a este personaje sólo me vine a enterar de su condición de zurdo, en realidad ambidiestro, con ocasión de la charla que mantuve con él para escribir este artículo.
Pero además me enteré de una afición en don Rubén, para mí desconocida: el béisbol. Es extraño que una persona nacida y criada en La jagua de Ibirico fuese aficionado a este deporte poco practicado en Valledupar y menos en La jagua de Ibirico.
Pues bien, el Almacén y Sastrería Rear tuvo su equipo de béisbol, al punto de que fue por lo primero que me preguntó Rubén Ezpeleta cuando le comenté que escribiría acerca de la sastrería Rear y me dijo – no olvides el equipo de Béisbol.
Rubén Argote jugó béisbol como lanzador, jugando a la zurda, patrocinó su equipo y fue dirigente de este deporte. Recuerdo que Humberto Calderón, uno de los sastres traídos por don Rubén era apuntador de béisbol.
Hace unos pocos años fue condecorado por la Gobernación del Cesar como dirigente deportivo destacado.
Hoy, octogenario, permanece en su residencia rodeado de su esposa y sus hijos, en uso de buen retiro. He de concluir afirmando que Rubén Emilio Argote Reales fue un pionero en la industria vallenata y están en mora tanto la Cámara de Comercio como FENALCO de hacer un reconocimiento a este comerciante visionario y emprendedor y caballero a carta cabal.
Leovedis Elías Martínez Durán