Como nuestro país ya perdió toda su soberanía democrática al vender sus territorios a la voracidad de loas trasnacionales no es sorprendente que nuestra televisión sea cada día mas un medio de transculturación y pérdida de valores nacionales pues ya es sabido que las dos grandes cadenas, que son las mas vistas por nuestro pueblo, pasaron a manos extranjeras, no solo en los aportes económicos, sino en la dirección y producción de seriados.
Si bien es cierto que hace unos 40 años el gran analfabetismo permitió la incursión y asentamiento de la cultura mejicana a través de las película en todos los géneros con charros de pistola al cinto hasta humoristas como Viruta y Capulina y el gran Cantinflas, de radionovelas, de la música y hasta del Santo el enmascarado de Plata, al aparecer la pequeña pantalla en los años cincuenta, esta cultura, no lo bueno, se nos metió literalmente por los ojos.
En las décadas de los 70-80, nuestros directores de teatro ingresaron con fuerza a la televisión y nos revitalizaron el nacionalismo con series muy nuestras que pasaron a ser ejemplo en el mundo de las telenovelas como Caballo Viejo, La Casa de las Dos Palmas, Señora Isabel y tantas otras que se reforzaban con el especial del Teatro Caracol, que llevó las grandes obras de la literatura a todos nosotros.
Pero llegó la debacle. Unos gomelos se tomaron el poder y al tener formación foránea por haber estudiado todos en el exterior, sin sonrojarse iniciaron la venta del país y con ella la incursión de lo malo de la televisión mundial encabezada en los seriados por lo pésimo de los seriados mejicanos y venezolanos.
¿Hoy que tenemos? La repetición de unos verdaderos culebrones en donde a nuestros llaneros los ponen con botas, sombreros tejanos y yines apretados; nuestros actores hacen la mímica de las rancheras y pasan penas en presentaciones en público.
Pero no contentos con tanto charro (en el interior también es sinónimo de malo y razón se tiene) nos quieren repetir la dosis con otra "producción" mejicana que solo trae balas, violencia, violaciones, cuernos y todo lo que pareciera ser del gusto de vulgo nacional y que se repite en la realidad cotidiana.
Claro que ningún Ministerio se pronuncia y la famosa Comisión o los veedores son mudos con las bellezas de Rebeldes que son mal copiados hasta en Valledupar con adornos que son solo un estorbo al cuello, dan imagen de desaliño y no son un ejemplo para nuestros estudiantes.
Pero... ya no somos dueños de nuestros destinos y por encima de la nacionalidad está el color y olor del dinero que además nunca sabemos para donde coge porque la pobreza y la miseria sigue como si el tiempo de las cometas fuera sempiterno.
Claro que si escuchamos quejas por las series "malditas" sobre la verdad de la Colombia perdida en la producción de lo que prefieren europeos y norteamericanos, pero muy seguramente dentro de cincuenta años esa historia colombiana será estudiada gracias a esas filmaciones que valerosamente nos muestran tal como somos y tal vez en menor escala.
Ya tenemos televisión en Valledupar y debe ser el momento para sentarnos a mirar qué hacer para que podamos producir programas con mucho cuidado por la tradición, por lo propio, sin caer en el ‘cauvinismo’ y sin dejar de lado la importancia de lo externo pero teniendo el cuidado de escoger, y si es necesario, copiar lo bueno.
Qué triste es sentarnos ante el televisor y encontrar muy poco de lo nuestro porque hasta los programas infantiles nos muestran no solo una forma de vestir mal copiada, un lenguaje con modismos argentinos, mexicanos y venezolanos que están deformando toda nuestra cultura ¿colombiana?
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Germán Piedrahíta R.