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La cultura de la ecología
07/06/2008

¿Sabía usted que el dominio que el hombre ha desarrollado sobre la naturaleza lo ha llevado a construir un nuevo continente, cuya extensión es equivalente al doble del tamaño de Estados Unidos?

Se trata del Gran Parche de Basura del Pacífico, en cuyos 3,43 millones de kilómetros cuadrados de área ‘habitan’ 3,5 millones de toneladas de desechos que miles de personas de todo el mundo han tirado al mar, a los ríos y a la tierra, desde donde la lluvia y el viento se han encargado de llevarlos a ese océano.

La historia, que parece de ficción, ya está científicamente comprobada. Sólo que, en lugar de ser la mayor proeza del ser vivo más inteligente sobre el planeta, es la muestra más palpable del daño que los humanos son capaces de hacerse así mismos y al resto de las especies.

Ante un hecho tan grave contra la salud del orbe, y además de las grandes discusiones acerca del calentamiento global y del llamado de ONU para que el mundo detenga su adicción al carbono, la conmemoración del Día del Medio Ambiente también debe servir para reclamar sensatez, antes de que sea tarde. Que las personas tomen conciencia de que cuando botan una basura al suelo no se está transgrediendo una norma: se está atentando contra la existencia de la Tierra.

Aterrizando la situación a Colombia y a Cali en particular, es necesario entender que la función de entidades como la CVC y el Dagma no se puede agotar en la reglamentación de normas ambientales ni en la sanción a quienes las incumplen. Ahora, su propósito fundamental debe ser la consolidación de una cultura de respeto y protección de los recursos naturales.

De esta manera se logrará que la ecología deje de ser una materia más que se enseña en los colegios o una bandera política de moda, para convertirse en una certeza que le permita al ser humano hacer compatibles sus deseos de progreso con su propia supervivencia.

Y para ello debe aprender del pasado, a través de ejemplos tan palpables como el de la cultura maya que, pese al alto desarrollado que alcanzaron sus 40 ciudades, fue destruida por el daño que le produjeron esas urbes a su hábitat y su incapacidad para resolverlo.

Esa fue una demostración de cómo la naturaleza sigue siendo superior al hombre y que hoy encuentra su equivalente en los diez mil muertos que un terremoto dejó en China hace tres semanas y en los 22.000 que un huracán causó días antes en Birmania, para no hablar de las 16 víctimas fatales que han provocado las lluvias en Colombia desde el 15 de mayo y otros fenómenos que cada tanto devastan miles de vidas en algún rincón del planeta.

Debido a esa falta de cultura ambiental, se insiste en privilegiar la producción industrial sin mayores controles y el deseo de consumo que incentivan la tala de bosques, la contaminación y la destrucción de los ecosistemas. Todo porque se ignora que, por acción u omisión, el Gran Parche de Basura del Pacífico puede terminar siendo el único ‘océano’ que sobreviva al poder de autodestrucción que ha demostrado el hombre.

Editorial El País
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