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Blindaje inflacionario
07/06/2008

* Banrepública debe actuar con más decisión

* Alimentos no son único eje de presión

TARDE se ha dado cuenta el Banco de la República de que el aumento de las presiones inflacionarias podría venir del lado de los alimentos y de los servicios regulados. Nadie se esperaba que en mayo la inflación se elevara a los preocupantes niveles del 0,93%, superior en 0,3% a los registrados un año atrás. Ahora el grave problema inflacionario es tan complicado que ni el Banco Central o el gobierno parecieran saber cómo enfrentarlo.

En mayo se percibió una fuerte arremetida en el rubro de los alimentos, en gran parte impulsada por la ola invernal que azota al país. El crecimiento de estos precios fue de 2,25%, es decir, un 1,78% más que lo registrado en el mismo periodo un año atrás. Lo más preocupante es que esa ola alcista se está dando en productos de primera necesidad tan sensibles como la papa, que en lo corrido del año se ha encarecido 135,4%. En 2007 ese indicador apenas era de 9,78%.

Ante semejante panorama, el Ejecutivo espera que en el segundo semestre se revierta esta situación y la cotización del vital tubérculo retome los cauces normales de precios. Sin embargo, analistas advierten que la cotización no bajará en el porcentaje que prevé el gobierno, pues el costo de los insumos, debido a la escalada en el valor del petróleo, no dará ese margen.

El aumento de los pronósticos inflacionarios para lo que resta de 2008 está muy ligado al incremento de los costos de los combustibles y de los alimentos. El Emisor considera que en estos últimos habrá una reducción gradual de los precios, aunado a una mayor oferta por los ciclos de cosechas. Si bien es cierto que el debilitamiento del dólar permite importaciones más baratas, por otro lado la pronunciada apreciación de la moneda local es otro problema que desafía la posibilidad de no frenar el enfriamiento de la economía.

Frente a los llamados al Banco para que flexibilice las medidas que evitan una mayor disparada de la inflación, los integrantes de la directiva del Emisor insisten en que las presiones sobre el costo de vida, en especial por el encarecimiento de los alimentos, no son una situación exclusiva del país, sino que se están presentando en muchas naciones. Bajo esa perspectiva, abogan porque lo más adecuado es mantener una política monetaria restrictiva.

A juicio de varios codirectores del Banco, las medidas tomadas han tenido y seguirán teniendo los efectos buscados de moderar el crédito, Aseguran que ya se empieza a percibir una importante corrección a la baja de la inflación de los alimentos perecederos y otros.

Aún así, el complicado panorama inflacionario lleva a pensar que se requiere una actuación más decidida del Banco Central para hacerle frente a una situación ya grave y que puede acabar causando mayores problemas a las familias colombianas y a la propia economía. Pues sin considerar aisladamente el comportamiento de los alimentos, la inflación registra una preocupante cifra de 4,8% anual, por encima del umbral del 4,5% fijado por el Banco.

Pero la responsabilidad no es exclusiva del gobierno ni éste puede abstraerse y dejarle todo el manejo del control de la inflación a la autoridad monetaria. Está comprobado que el déficit fiscal también es un disparador de la inflación, por lo tanto urge un mayor compromiso del Ejecutivo en este sentido para eliminar ese eje de presión en el difícil trance que experimenta la economía.

Lo cierto es que el desborde de los precios obliga al Banco Central a una actuación inmediata pues, como se ha visto desde todos los ángulos, el problema no radica en un simple choque temporal de precios de alimentos, sino que hay un trasfondo más complicado. De no darse ese timonazo, las expectativas de inflación se van a desbordar aún más, terminando en un aumento de los costos laborales por encima de las metas.

El aumento de las expectativas puede activar mecanismos de indexación que en años pasados habían perdido importancia pero que ahora pueden generar una inflación más alta y persistente que la presentada en la senda central del pronóstico, sobre todo a través de las tarifas de servicios públicos. Ese es un riesgo aún mayor.

Editorial Nuevo Siglo
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