www.elpilon.com.co
La silla vacía
04/06/2008

La primera ‘Silla Vacía’ de reconocimiento nacional la produjo, quien lo creyera, un enemigo de Álvaro Uribe; se llamó, en vida, Pedro Antonio Marín, más conocido como “Tiro Fijo”.

Esa reservación se la hicieron las FARC a Pastrana, presidente, no en el Congreso de la República, sino en plena selva del Caguán, cuando lo conocido como “para-política”, no era siquiera un embrión. Esa vez fue un desplante de esos que las FARC, a menudo, les hacen a los colombianos.

Diez años después se vuelve a hablar de la “silla vacía” ya no como la ausencia del jefe de un grupo guerrillero en un desayuno de trabajo, sino como el muro de contención a un carrusel de delincuentes que se rotan el tesoro de Indiana Jones.

Ahora, la figura la propuso el gobierno por alguna de dos razones excluyentes, difíciles de entender. Primero, el gobierno pretendía separarse del eje del mal, que era su propia bancada. En ese sentido fue la propuesta del Alto Comisionado, Luis Carlos Restrepo, de tomar distancias, en el Congreso, de los amigos del gobierno a fin de preservar una imagen prístina del presidente que nadie fuera de ellos estaría dispuesto a creer.

Esta propuesta, es imposible que se deba a la ingenuidad del gobierno que tiene a su servicio los más encumbrados y astutos asesores. Pero después que mataron el tigre le cogieron miedo al cuero.

De esta manera, el segundo mensaje oficial, hecho el pulso maniqueísta dentro de su propio grupo, que fue inaceptado por este, fue contrario; ahora, como en los primeros días de la parapolítica, al presidente Uribe solo le interesa la parte mecánica, esto es, el voto de los que siempre han sido sus amigos, para impulsar la segunda reelección. Esto es una desfachatez sin parangones; es abusar del cinismo.

Para el presidente Uribe, la Constitución es una pieza ajustable a sus intereses, una especie de “jolie” para combinar en su juego por la eternidad en la presidencia de la República. Hasta la fecha, no ha descartado este propósito; de él solo se escuchan ambigüedades desconcertantes lo cual no es serio para un mandatario ni es respetuoso con una nación que se la pasa respondiendo encuestas en medio de sus calamidades. Y si el presidente Uribe quiere otro periodo, que renuncie y se ponga a competir en plan de igualdad, no en el foro donde cada semana el presupuesto nacional se promete ante invitados especiales.

A un consejo comunal no se llega así de fácil; allí solo llegan los del comité de aplausos.

Lo de la silla vacía nunca ha estado en los planes del gobierno; lo que necesitamos no son paños de agua tibia sino profundas trasformaciones democráticas como total independencia de poderes, voto obligatorio acompañado de una reforma electoral eficaz

Hay campanazos que asustan; el regaño de la Corte Constitucional a la Suprema sobre la forma de conducir el proceso de la parapolítica, es un indicador de que aquella depende del gobierno. Ojalá volviéramos, siquiera, a la CPC modelo 91, que en los últimos seis años la volvieron añicos, en nombre la llamada seguridad democrática, (SD). Pero, parece que esta no tiene un cuerpo de doctrina que le de vida sin la presencia de Uribe quien dice que fuera de él, los demás son “blanditos”.

Este es el principal argumento para insistir en la silla de la casa de Nariño, la única que no quiere ver vacía pero con él. Si queremos mantener la democracia, es hora de asumir posiciones frente a un fenómeno recurrente como este, analizar otras acciones de este gobierno que no sean las de la SD. No nos olvidemos de que la pérdida patrimonial del Estado en los últimos seis años asciende al 934%, ganancia para multinacionales y calanchines. Todo se vende o se compra, según convenga; hasta la dignidad.

Luis Napoleón de Armas P.
www.elpilon.com.co