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El 13 de mayo de 2008
02/06/2008

El 13 de mayo de 2008 los colombianos amanecimos con las emisoras dando noticia a todo el mundo por un acontecimiento que marca un punto de partida para una nueva  historia. Fue la extradición de 14 jefes paramilitares a los Estados Unidos de América.

 Se quiere buscar una justificación para llevar a culpables o presuntos culpables a pagar la pena a un país diferente de Colombia, a una nación  que habla otro idioma y donde está arraigada una xenofobia contra los latinoamericanos y especialmente hacia los colombianos. El país del norte se ha convertido en juez y carcelero del mundo. En sus celdas  encierran a los que califican de terroristas y narcotraficantes. Si Colombia tiene una Constitución, un código penal, magistrados y jueces capacitados no hay razón para buscar justicia en otro país. Si las cárceles son inseguras que eleven las paredes y refuercen sus puertas. Si los guardianes son corruptos que haya una entidad fiscalizadora con potestad de ponerle coto a ese cáncer malévolo y fácilmente metastático.

 En las cárceles gringas, a los norteamericanos detenidos, no los exhiben con esposas  en ambas manos, cadenas en el cuello, grilletes en los pies y bolas de plomo en los testículos. Tampoco los encierran en celdas de dos por dos metros de donde los sacan una hora a la semana, para respirar un aire diferente, ver el sol  y recordar el verde de los árboles. Aquí en Colombia hay cárceles de alta seguridad como la de Cómbita, la de Dorada, Itagüi,  Valledupar. El delito se debe castigar en el país donde se comete. De lo contrario se tienen que cerrar los juzgados y poner un centro comercial en el edificio de la Corte Suprema de Justicia.

 Hemos perdido credibilidad en nuestra justicia. Esto arrastra la incredibilidad a nuestros servicios médicos, mañana los médicos colombianos serán vistos como teguas y para operarse de un apéndice o de una verruga habrá que ir a un hospital gringo. La industria nacional también pierde valor, las toallas, el papel higiénico  serán  made in USA. No dar honor a lo nuestro es perder nuestra identidad como colombiano.

 Llegará el día  en que cualquier juez de los Estados Unidos buscará en el directorio telefónico de cualquier ciudad colombiana y al azar marcará cualquier nombre que se convertirá en extraditable. La policía colombiana, la Interpol  pondrán en vigilia a sus sabuesos hasta capturar el presunto delincuente, un ciudadano inocente, inerme señalado como reo por un irresponsable, le hacen un operativo con helicópteros artillados, policías y soldados con armas sofisticadas, lentes de luz infrarroja y los muestren a la prensa como el “Marrano”, los esposan  y en un avión incómodo  los trastean al norte.  Al año le piden disculpas y los regresan, no era el “Marrano” le decían era el “Gordo”, son casi sinónimos.

 Debe haber una extradición recíproca de ida y de vuelta, si los nacionales colombianos son extraditados por secuestradores o traficantes de cocaína, Colombia debe pedir para castigar en nuestras cárceles  a los magnates compradores de droga de Miami y New York, a los productores de droga sintética mucho más adictiva y perjudicial que la coca y la marihuana,  a los traficantes y fabricantes de armas,  que por su culpa nuestros campos están desolados por la guerra.

 Se debe pedir en extradición a los contaminadores del ambiente, a los fabricantes de insecticidas que por su afán  comercial están acabando con la biodiversidad y trastornando el bienestar de la sociedad mundial. Estos son más peligrosos que los sicarios. Los sicarios asesinan individuos pero aquellos destruyen pueblos, comunidades y envenenan el entorno.

Como vamos dentro de poco Colombia quedará desocupada, a todos nos tildarán de narcotraficantes, gratis nos llevaran en un avión de la DEA  para conocer por dentro durante 30 años una jaula de dos por dos metros

Alberto Atuesta Mindiola
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