Para cuando este artículo vea la luz ya sabremos cual ha sido la suerte corrida por nuestro equipo de fútbol Valledupar Real Fútbol Club, que compite en la segunda división del torneo rentado nacional. Una derrota habrá significado la eliminación de la disputa del campeonato apertura; un empate le dejará con posibilidades de disputar el título, dependiendo de ganar el próximo partido con Juventud Soacha, como local y del resultado entre Depor y Rionegro en Jamundí, al paso que una victoria le habrá proyectado a la final con solo empatar como local frente a Soacha.
Sea el resultado que se de, lo importante es que contamos con un equipo que desde su aparición ha estado siempre en la disputa de los cuadrangulares finales; siempre ha estado en la pelea y hasta llegó a disputar el paso a la primera división cuando hace dos años enfrentó y perdió la serie ante el Atlético Huila.
De todas maneras es un elenco que logra resultados increíbles y sin embargo no obtiene el respaldo que merece. No tiene el respaldo de la afición, que acude al estadio en número reducido ante la proporción del rendimiento del equipo. Con taquillas de dos y tres millones de pesos no puede sobrevivir ni siquiera un equipo aficionado, menos uno que debe cubrir nómina, gastos de viajes e implementos, entre otros gastos fijos.
No obtiene el respaldo de las instituciones oficiales, que permanentemente prometen un apoyo económico que nunca, o difícilmente llega (ahora, parece que por fin, pasados los primeros seis meses de penurias, harán los aportes prometidos tanto la administración municipal como la departamental. ¡Ojalá sea cierto¡). Si llegan los aportes prometidos ayudarán a paliar la difícil situación económica, pero se debe tener en cuenta por los comprometidos, que si queremos tener fútbol profesional, eso cuesta dinero.
Y no consigue el respaldo de la empresa privada, pues si bien “Coolesar” hace aportes importantes, no ha sido posible siquiera que alguna de las empresas mineras o financieras o cualquiera otra adquiera la camiseta, a pesar de las gestiones de los directivos, lo que representaría un apoyo importante.
Y sin embargo, el equipo ahí, como lo grita en cada partido la barra que encabeza el doctor Jairo Acosta, a la espera de un respaldo definitivo de todos. En el partido del sábado anterior, frente a Depor, nuestros muchachos mostraron entereza, compromiso, amor a la camiseta y una garra impresionante.
Si bien hubo momentos en los que se les vio con dificultades en sus desplazamientos, ello es perfectamente explicable. El miércoles anterior habían enfrentado al mismo equipo en Jamundí, donde obtuvieron un empate a cero goles, luego de un extenuante viaje en bus, y luego de regresar, en un recorrido de más de veinte horas, tuvieron al frente de nuevo al mismo equipo, con la diferencia de que éstos arribaron a Valledupar por vía aérea. Esa es la pequeña diferencia que representa tener respaldo económico y no tenerlo. La pequeña diferencia entre nuestro equipo y los demás.
¿Conoce acaso la afición de este equipo de fútbol, que sus directivos deben hacer aportes extraordinarios a cada momento para cubrir los gastos de los viajes? Pues si no lo sabía, sépalo.
El equipo responde, sus directivos también. Ahora nos toca el turno a nosotros, los aficionados, que debemos brindar masivamente nuestro respaldo a la quijotesca idea; a las administraciones públicas –municipal y departamento- que deben comprometerse en serio con el respaldo económico a este muy buen equipo. Es preciso recordar que fue el decidido respaldo que le brindó la alcaldía municipal lo que le permitió al Cúcuta Deportivo alcanzar el lugar destacado que ha logrado en el concierto futbolero latinoamericano. Y a la empresa privada que debe entender que esa camiseta representa publicidad y constituiría un importante apoyo a una empresa que vale la pena.
Y para cerrar, un llamado a la afición vallenata. No hay derecho a insultar a quienes han sido gloria de nuestro deporte, quienes se hacen acreedores a insultos de muy mal gusto como los que escuchamos contra Jorge Bermúdez y hace un tiempo contra Eduardo Retat, quienes han cometido el único pecado que parece imperdonable a algún sector de nuestra tribuna: dirigir al equipo rival. ¡Pero si ese es su trabajo¡.
No hay derecho. Un poco de respeto para nuestras glorias deportivas, por favor.
Leovedis Elías Martínez Durán