Hoy continúo con el cuestionario planteado por el doctor Jaime García, y me referiré a la persona a quien se conoció como “el mono planta”, y aprovecharé para referirme a algunos hechos relacionados con la electrificación de la ciudad.
La pregunta dice: ¿Quién era el Mono Planta, su oficio y cómo murió?
Con el mote de “mono planta” se conoció a don Teodosio Jaimes, electricista de profesión, quien junto con Anuario Castilla, Miguel Acuña, Gonzalo Ustariz y mi padre, entre otros, manejaban la planta eléctrica de Valledupar, primero la hidráulica que pasó de Campo Adela al Rincón, y luego la que funcionaba con diesel, bajo la gerencia de Evaristo Gutiérrez.
Me cuenta Elfo Jiménez que el primer motor generador de luz eléctrica en Valledupar fue traído, no sabe él cómo dados los medios de transporte existentes, por el señor Francisco Valle, aparato que fue instalado en cercanías de la que hoy es la casa que fuera de don Avelino Romero, donde después funcionaría por su iniciativa una fábrica de hielo y fundaría una fábrica de gaseosas que se llamó “Refrescos Upar”, la que fracasó gracias a la competencia desleal que ejercieron otras empresas productoras de gaseosas, tema al que me referiré en otra oportunidad.
Según mi referente, ese motor eléctrico proporcionaba luz eléctrica a algunas casas del sector aledaño a la plaza Alfonso López, nombre que se debe, así como el del aeropuerto, al expresidente Alfonso López Pumarejo, y el hospital se refiere a la madre de éste, abuela del doctor López Michelsen. Rosario Pumarejo era oriunda de Valledupar y de ahí la cercanía de la familia López con nuestra región y algunas familias locales.
Luego fue instalada una planta hidráulica de 90 kilovatios, me cuenta mi padre, que funcionó en el área de Campo Adela. Posteriormente fue montada una nueva planta hidroeléctrica en el Rincón, donde aún subsisten las ruinas.
Posteriormente fue instalada una planta más grande, que funcionaba con fuel oil, de marca Sultzer, cuyos pistones eran mucho más grandes que un hombre. Recuerdo la impresión que me causó cuando la conocí. Estaba desarmada porque la estaban reparando y me pareció gigantesca, como le parecen a uno las cosas cuando está niño.
En las plantas hidráulicas que gerenció primero un alemán que sería reemplazado por don Evaristo Gutiérrez, laboraban, entre otros, Anuario Castilla, Teodosio Jaimes, Miguel Acuña, Pacho Maestre y Claudio Martínez, mi padre. Para esa época, en los años cuarenta, Valledupar era un pueblo olvidado del departamento del Magdalena y las plantas eran de propiedad de la “Electrificadota del Magdalena”, “Electromag”.
Don Teodosio Jaimes era conocido como “Mono planta”. Estuvo casado con doña Fellita Castilla, con quien no tuvo hijos, supongo que por su muerte prematura. Me cuenta mi padre que el “mono” le aconsejaba que no tomara en “el barrio”, que era como se conocía a la zona de tolerancia de Valledupar en la época, denominada Casa Blanca, ubicada donde hoy está el billar de Miguel Díaz, ahí en la carrera 9ª, o de Hurtado, con la calle 13 A. cuando conocí “Casa Blanca” por allá por los primeros años de la década del sesenta, funcionaba allí una panadería con ese nombre.
Paradójicamente ‘El mono’ murió en Casa Blanca, víctima de un disparo que le propinó en la frente un tirador borracho, me dicen que era un “guarda”. El “mono” se puso como blanco un vaso en la cabeza para que el otro disparara. Dicen que cuando el mono intentó pararse el tirador disparó y le causó la muerte.
A raíz de la columna de Jaime me entero de que gracias al “mono” llegamos a existir mis hermanos y yo, pues aún siendo soltero mi padre fue salvado de morir electrocutado gracias a la diligencia del “mono”.
Ocurrió así: desde muy temprano en la mañana se encontraban el “mono” y papá haciendo unos arreglos en las líneas de alta tensión en lo que hoy es Cinco Esquinas, que para la época era un sitio solitario. A eso de las siete de la mañana, el “mono” se fue a desayunar y dejó a Claudio amarrando los cables a los aisladores, operación para la que debía meterse entre las líneas. Previamente el “mono” le avisó a Evaristo para que advirtiera que no fueran a prender la planta.
Cuando el “mono” estaba en su casa y se aprestaba a desayunar, llegó la luz. ¡Habían prendido la planta!. En ese momento exclamó: ¡Carajo, mataron a Claudio! Y salió raudo en su bicicleta para el sitio. La fortuna estaba del lado de nuestra posterior existencia y me cuenta mi padre que cuando estaba entre las redes se le cayó la pinza, por lo que se bajó a recogerla – no había nadie en los alrededores que pudiese alcanzársela - y cuando subió de nuevo y se disponía a introducirse entre las líneas energizadas, llegó el “mono” y le dijo que se bajara.
Ese día, luego del reclamo que el “mono” hiciera a Evaristo por el olvido, decidió que se lo tomarían de asueto, él y el milagrosamente salvado, y se fueron a tomar cervezas. Posteriormente Evaristo Gutiérrez sería el padrino de bautizo de uno de mis hermanos.
Leovedis Elías Martínez Durán