En consecuencia con los recursos e intereses de nuestra región, resulta inaplazable referirse a un tema que de manera inexplicable ha sido remitido al libro del olvido por nuestros dirigentes: se trata del proyecto de montaje de la planta de generación eléctrica del Cesar o Termocesar.
No es un secreto que nuestro subsuelo alberga grandes yacimientos de carbón de cuya actividad se perciben, sin que el pueblo se beneficie de ellas, regalías como producto de la explotación por parte de empresas extranjeras.
Millones de toneladas de carbón se exportan en grandes embarcaciones, tal como se arranca de las minas sin generar progreso, sino devastación. Mientras tanto, subsiste la debilidad del sistema nacional de generación por ser básicamente hídrico (70%), el que se presume colapsaría por la disminución de agua en los embalses si se presentara un ‘Fenómeno del Niño’ como ha ocurrido en el pasado, debido a los impredecibles efectos climáticos de la vida moderna.
Termocesar, sería una posibilidad de invertir recursos propios en pro del desarrollo del Departamento, a sabiendas que se genera valor agregado a los recursos, con la participación del pueblo sin llegar a suspender las exportaciones de carbón en bruto.
Esto es posible con una evaluación exergoeconómica, desde una perspectiva multiobjetivo. El primer concepto extraño para muchos, es la exergoeconomía; esta es una palabra compuesta cuya primera parte hace referencia a las leyes termodinámicas que establecen que la cantidad de energía contenida en un combustible no se puede aprovechar del todo, es decir, la energía tiene una parte aprovechable o exergía y otra que no se puede utilizar o anergía.
No obstante, para tener disponible la mayor cantidad de exergía, se requieren dispositivos, que son los equipos que consumen la energía (automotores, calderas, hornos, etc); en este punto entra a jugar un papel importante la economía, segunda parte de la palabra compuesta.
En la medida que aumenta la inversión en los dispositivos, mayor es la cantidad de exergía extraída.
El otro concepto, es el análisis multiobjetivo, con el cual se procura un discernimiento multidisciplinario para la toma de decisiones. En el caso de Termocesar, se pueden dilucidar tres objetivos diferentes; el primero es exergoeconómico explicado en el párrafo anterior y con el que se evalúa un sistema de eficiencia razonable con inversión moderada.
El segundo objetivo es tecnológico; una retrospectiva de Termocesar, analizada por empresas extranjeras y evaluadas por grupos de investigación de la UPC, a estas alturas se puede adquirir un sistema de la misma capacidad (350 MW), con una eficiencia por encima del 50%, con respecto al sistema convencional que alcanzaba solo el 35%; adicionalmente a partir de la gasificación del carbón, se pueden retener gases contaminantes (NOx, SOx y los altamente tóxicos gases de mercurio), haciendo una inversión adicional del 37% a la del sistema convencional, con la posibilidad de capturar el dióxido de carbono producto de la combustión (principal participante en el calentamiento global).
Este es el último criterio a tener en cuenta, se considera un objetivo ambiental. El análisis global muestra un panorama de posibilidades dentro de los tres objetivos en cuestión; se puede tener un sistema a bajo costo, pero con consecuencias en impacto ambiental y baja captación de exergía, o por el contrario, se puede hacer una mayor inversión con la posibilidad de disminuir casi a cero el impacto ambiental y con muy buena captación de exergía.
Existen entonces tres puntos de vista concertados entre sí para que las decisiones en materia de energía regional se tomen desde un panorama académico – científico, panorama gestado arduamente desde hace más de ocho años, inicialmente en el interior de la UPC, pero que ha encontrado receptividad en varias universidades.
*Candidato a PhD, Sistemas Energéticos
Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.
mjbastid@unalmed.edu.co
Marlon Bastidas Barranco