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En Colombia, los héroes sí existen
19/05/2008

Por esta semana, con el fin de comentar algo muy trascendental que ha ocurrido en estos días, hagamos un alto en los comentarios sobre los síntomas que, en un porcentaje preocupante, presentan los jóvenes en la actualidad.

Este hecho trascendental es el juicio en cual fueron condenados, por toda una vida, los militares que asesinaron al cuerpo selecto del grupo antinarcóticos de la Policía, en inmediaciones de Jamundí, en el Valle del Cauca.

La masacre, cometida hace dos años, fue presentada inicialmente por los altos mandos del Ejército y por el mismo Ministro de Defensa, como una tragedia causada por el cruce equivocado de “fuego amigo”.

Sin embargo, la Fiscalía General de la Nación, no tragó entero y decidió investigar; por eso, el caso les fue quitado a los jueces castrenses y se le entregó a la justicia ordinaria.

En ese entonces, hablábamos en esta columna, ante lo aberrante del caso y los indicios de culpabilidad, de lo preocupante que era que los defensores de las leyes, fueran los encargados de trasgredirlas. Para eso usamos, en ese momento, el símil de la sal como preservadora, por antonomasia, contra la corrupción.

No obstante, ante el anuncio determinante del “fuego amigo”, como causante de la tragedia, fueron muchos quienes cayeron (tal vez inocentemente, acaso a sabiendas) en la trampa. Todavía hace unos meses (apenas finalizaba febrero), algunos creían a pie juntillas en el “fuego amigo”.

Entre otras cosas, un contrasentido: pues nadie dispara contra sus amigos de manera tan inmisericorde.

Tras el cúmulo de pruebas, absolutamente demostradas, el Juez Cuarto Penal del Circuito Especializado de Cali, Edmundo Octavio López Guerrero, profirió sentencia condenatoria para todos los implicados en el asesinato colectivo: un coronel, un teniente, tres suboficiales y diez soldados.

Todos ellos, pertenecientes al Batallón Lince de Alta Montaña No. 3, fueron encontrados culpables del delito de homicidio agravado, en el cual coincidieron las circunstancias de la premeditación y la alevosía. El crimen fue fraguado a sangre fría y a las víctimas se las cosió (literalmente) a tiros: fueron disparadas alrededor de 450 balas para matar a quienes fueran emboscados: diez policías miembros de la Dijín y un civil informante de estos.

Pues bien, el caso heroico (que permite dar mote al artículo de hoy), lo protagonizaron la Fiscalía General de la Nación, los fiscales investigadores y el señor Juez Cuarto Penal de Cali, a quienes no les tembló la mano para hacer justicia: pronta y cumplida justicia, tal como lo ordenan los cánones legales de nuestro país. Y tan no le tembló la mano al Juez López Guerrero, que denegó la petición de los abogados defensores de lograr el cumplimiento de la condena en guarniciones militares; su orden fue perentoria: los condenados serán trasladados a las cárceles de Villahermosa y Palmira.

Más aún, las sentencias son las más altas proferidas contra algún miembro de la Institución militar: 54 años para el coronel, 52 para el teniente y 50 para cada uno de los suboficiales y soldados, coautores todos del homicidio colectivo.

P. S. * A propósito de las rabietas de Uribe contra Cepeda, Petro y demás opositores al régimen, vale la pena recordar el pensamiento que aparece en el libro “La Parapolítica”, de la Organización Arco Iris, quien fuera precisamente la que desatara el escándalo correspondiente: “Suponer que con las desmovilizaciones realizadas, se puede desmontar el proyecto paramilitar en Colombia, equivale a decir que es posible recoger con los dedos la gota de mercurio que ha caído en el piso.”

** Lástima que, justo cuando los más tenebrosos paramilitares iban a confesar sobre sus socios políticos, amigos y colaboradores de Álvaro Uribe, éste decida extraditarlos a Estados Unidos; con quien, en el tratado correspondiente, sólo se habla del delito de narcotráfico; mas no de asesinatos, desolación y despojo. Solamente falta que, para cerrar la brecha, Uribe tan amigo de las delaciones (al fin y al cabo, él fue el autor de la norma sobre cooperantes), decida también extraditar a sus socios políticos, inmersos en el contubernio con los paramilitares.

*** Muy conveniente para los intereses de estos socios (los que aún no han sido descubiertos y los que están siendo investigados), la “pérdida” de los discos duros de los computadores y las memorias de los celulares pertenecientes a los paramilitares recién extraditados.

Gustavo Rodriguez
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