Una de las preguntas más controvertidas desde siempre ha sido, ¿es mejor prevenir que curar? -lo ideal serían las dos cosas-, lo que ocurre es que la prevención sin réditos políticos inmediatos siempre ha estado en franca desventaja.
Aún así, y a pesar de la pasión por ‘operar’ de algunos médicos es obvio que la medicina evoluciona a procedimientos cada vez menos invasivos y busca tratamientos sencillos, eficaces y seguros. Eso significa, de hecho, volver a tocar al enfermo, al menos con la palabra y sobre todo el oído.
En medicina donde los cambios son vertiginosos, más no apresurados, tanto en el conocimiento de las enfermedades como en sus tratamientos, está pregunta parece ser muy citada.
Desde Hipócrates o Galeno la historia de la medicina ha conocido diversos periodos y sistemas de asistencia sanitaria que han acabado conformando el carácter de los profesionales de la salud y como no, de los pacientes.
Cierto es que los avances genéticos y la medicina regenerativa también van a ser fundamentales, sobre todo para arrojar nuevas luces sobre enfermedades neurodegenerativas, tumorales, cardiacas, pero prevenir va a ser la palabra clave.
Podríamos decir que si la investigación da con las claves de las enfermedades, la vida humana, al menos en longevidad, habrá dado un gran salto. Pero mientras eso llega y si las razones genéticas son causa de la mitad de los problemas graves de salud, – como lo proclaman los científicos- significa que al menos tenemos un 50% de posibilidades de ser dueños de nuestro propio destino de salud adoptando hábitos de vida saludables; es decir, si hacemos prevención.
Hoy, casi nadie duda que hacer regularmente ejercicio físico moderado, seguir una dieta equilibrada y evitar unos pocos malos hábitos, son prácticas capaces de eludir cientos de enfermedades.
Y de que una buena educación en casa, evita miles de futuros drogodependientes, alcohólicos, maltratadores, sociópatas… Ser precavidos puede impedir accidentes de circulación, infectarse con el VIH o la Hepatitis C o B, o tener un embarazo no deseado. Esto además es barato: solo hay que aplicar el sentido común, aunque sea el menos común de los sentidos.
*Médico gastroenterólogo
Consorcio Aragonés de alta resolución
Clínica Quiron -Zaragoza- España
Roberto J. Araméndiz Araujo