Siento a los colegas de Puerto Rico preocupados por los dos asuntos e intercambiamos pensamientos. Una periodista habla de una cobertura de prensa inconexa, fragmentada y oficialista, al referirse a las informaciones sobre el gobernador Aníbal Acevedo Vilá. Ha desaparecido, dice, la presunción de inocencia. La tarea del periodista demanda más de lo que hemos dado, concluye.
El gobernador Acevedo enfrenta 19 cargos en el gran jurado federal de Estados Unidos. Lo acusan de conspiración, fraude, corrupción y evasión de impuestos; pero un examen de las opiniones revela que esos cargos pesan como cadenas, o se volatilizan, según la posición política de las personas.
Una historiadora y antigua funcionaria ve esas acusaciones como "un intento para mantenernos colonia". Una maestra encuentra más preocupantes las deficiencias de las escuelas y de los maestros en la isla. En cambio un líder gremial se aparta de las consideraciones políticas: "a las figuras de autoridades se les exige; sus faltas resultan ser imperdonables y poco toleradas.
Líder que falla debe ser duramente criticado". En la universidad un profesor de sociología mira el conjunto: "es como si un huracán hubiera arrasado la isla", dice, recordando la reacción que se produjo cuando estalló el escándalo. Otro profesor, sociólogo él, agrega: "existe un malestar general más allá de la afiliación política de cada cual". Y un sacerdote reflexiona: "hasta que no brote la verdad de lo que pasa no tendremos paz".
Hay quienes pronostican que el caso del gobernador llevaría a una redefinición de las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos, pero son pocos los que enfrentan el caso como corrupción. Para la mayoría es un asunto político.
¿Es así como los actos de corrupción acaban con carta de ciudadanía? Basta la mención de una posible o real implicación política para que el acto de corrupción, como purificado por aguas lustrales, pierda su aspecto maligno y entre en sociedad. La discusión en Puerto Rico, lo mismo que en Colombia, se vuelve sofística y alcahueta: la defraudación no es defraudación, la falsedad deja de ser falsedad, el soborno no es soborno. En su lugar aparecen como por ensalmo las palabras persuasión, negociación y políticas para el bien de la patria.
El otro motivo de preocupación y de intensos debates entre los periodistas y sus críticos es la información que estalló la semana pasada sobre la violación del nieto de una senadora.
En las redacciones casi no hubo dudas a la hora de titular porque, dogmáticos e inapelables, los editores sentenciaron: la noticia está por el lado de la senadora. Dieron por supuesto que en Puerto Rico (¿en el mundo?) un niño violado ya no es noticia, pero sí lo es cuando es el nieto de un personaje. Y así aparecieron en la prensa seria y en la popular, los titulares de escándalo. ¿Porque allí estaba la noticia? O ¿Porque así atraía más, y vendía más, y se comentaba más, y entretenía más?
Emprendimos el ejercicio de averiguar cuál es, objetivamente, el hecho principal en esa noticia, y cuál el enfoque socialmente apropiado para la información, hasta descubrir la intencionalidad sensacionalista que alienta detrás de informaciones como la de este niño violado. En vez de la solidaridad que haría poner el énfasis en el hecho de que otro niño ha sido violado, pugna por imponerse el vendedor de feria que grita para que lo oigan y le compren, que una senadora llora sobre su nieto violado.
Hay una gran hipocresía disimulada en esos titulares y en las vestiduras rasgadas de la prensa que mientras crea una obsesión de sexo sin amor se rompe las vestiduras para pedir las más drásticas penas para los violadores. Las propagandas, las informaciones, la literatura "científica" sobre sexo, ¿qué espacio han dejado para el derecho del niño a no ser violado?
Los dos temas parecen unirse: la corrupción legitimada por los sofismas de los políticos y la afrenta a los niños convertida en argumento de ventas y alimentada por los mismos que gritan contra el escándalo. Nos quedó pendiente el tema de la libertad de prensa. Nos habíamos reunido el tres de mayo.
Javier Dario Restrepo