Como el desabastecimiento de productos básicos ya no puede ocultarse, el Gobierno decidió trasladar la responsabilidad del mismo a los malvados, que como siempre son los golpistas y el imperialismo, aunque esto les suene a los venezolanos como una comiquita. Pero con el fin de culpar al imperio, el oficialismo organizó en el Celarg un foro titulado "La conspiración en el abastecimiento como arma de la contrarrevolución".
Como es costumbre, en el acto se mezclaron las amenazas con las actitudes de víctima, y al final todo se redujo a que el gran problema que afecta a todos los hogares venezolanos es "sólo a una batalla comunicacional". El presidente del Indecu, quien actuó como vocero oficial, aceptó que "el combate" no ha sido ganado pero prometió que, para el próximo 31 de mayo, ya se tendrá "desmontada la matriz de opinión" y, desde luego, "no habrá acaparamiento ni desabastecimiento en Venezuela". Amén.
Pero no todo quedó allí: el jefe del Indecu afirmó que, por arte de magia, "en dos meses tendremos controlada la especulación".
Prometió, además, revelar con "nombre, apellido y dirección", a los "acaparadores y especuladores de alimentos". Ni la CIA ni la KGB son capaces de hacer semejante promesa. Pero aquí, en verdad, no hay escasez de sapos.
Desde luego, la parte más patética fue aquella en que los invitados decidieron que Venezuela es una víctima de Estados Unidos.
Para darle empuje a la trama invitaron a un senador chileno para demostrar que existiría una "similitud" entre la situación venezolana y la chilena previa al golpe militar que, en 1973, derrocó al presidente Allende.
Así, sin anestesia, se declararon viudas de los asesinatos y torturas del régimen militar de Pinochet. La comparación no puede ser más grotesca. En términos económicos, la diferencia es muy simple: la escasez en Chile se produjo porque el país contaba con 100 millones de dólares de reservas internacionales y no tenía cómo estimular la producción. Hoy en Venezuela las reservas internacionales llegan a 30.000 millones de dólares pero nadie sabe cómo estimular la producción interna. De hecho, se han cuadruplicado las importaciones sin lograr satisfacer las necesidades mínimas de la población.
En términos políticos, las diferencias no pueden ser más pronunciadas. Mientras Allende era un político civil e intelectual, escrupulosamente democrático, que llegó al poder después de cuarenta años de lucha, de formar un partido político y de organizar y defender a los trabajadores; la trayectoria y el estilo de los actuales gobernantes de Venezuela es brutal y militarmente diferente.
Resulta un irrespeto al presidente chileno intentar equiparar los fracasos de la llamada revolución bolivariana con la "vía chilena al socialismo". También desde el punto de vista electoral, la "similitud" es un engaño. Mientras en marzo de 1973 los partidos que apoyaban a Allende triunfaron en los comicios parlamentarios, aquí el comandante perdió las elecciones hace cuatro meses.
Editorial El Nacional (Ven.). Abril 5-08
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