www.elpilon.com.co
La guerra una hecatombe
03/04/2008

He caído en la tentación de expresar mi opinión en torno a la crisis que afrontó Colombia como consecuencia del atentado contra la Farc en territorio ecuatoriano, donde perdieron la vida varios miembros de esa organización, dentro de los cuales se destaca a ‘Raúl Reyes’, considerado como una especie de canciller. Se ha reconocido como un golpe letal y certero a esta organización insurgente, calificada como terrorista por la extralimitación acometida por el uso de las armas.

En épocas pasadas ejercieron poder en extensas regiones del país y se cometieron atropellos en sectores de la población civil a través del crimen aleve, el secuestro y las famosas vacunas.

Siempre he sostenido que Colombia todavía sigue padeciendo los estertores de La Guerra Fría con la existencia de grupos guerrilleros, como expresión de una extrema izquierda anquilosada en el tiempo que enfrenta al Estado y las organizaciones de autodefensa o paramilitares, en proceso de desmovilización, que emergieron con un carácter eminentemente antisubversivos. Sus acciones por más de dos décadas han sido controvertibles y las secuelas son profundas.

En ese marco general se produce el atentado en territorio fronterizo con el vecino país del Ecuador, el cual a nivel de América Latina nos deja muy mal parado. Reconocido el acto de violación del principio de soberanía, el cual se suma al de Venezuela cuando del propio corazón de Caracas se sustrajo al guerrillero Granda. Son actos que los justificamos con emotivos argumentos de colombiano, pero que políticamente compromete nuestra reputación de poseer un Estado con la más tradición civilista en el subcontinente latinoamericano. Alguien decía que el presidente Uribe se está pareciendo al ex dictador Augusto Pinochet con su famoso plan cóndor, que lo hizo expansivo por varios países del continente en una cacería de bruja que dio de baja a varios de sus más connotados enemigos, los ideólogos del socialismo propuesto por el destronado Salvador Alledende.

Me duele como colombiano la actitud que hemos asumido de considerar la guerra como un espectáculo, donde festejamos como un triunfo las masacres donde está implicada la vida de compatriotas. Son seres humanos, conciudadanos, con posiciones divergentes y controvertibles. Es lamentable el saldo social, representada en vidas humanas que caen como víctima de esta guerra sin sentido que padece Colombia hace varias décadas. La verdadera hecatombe que sufre el país es el conflicto armado, alimentado con dineros del narcotráfico y las víctimas son personas del pueblo raso, carentes de oportunidades de estudio y trabajo.

Yonglin Ovalle Zuleta
www.elpilon.com.co