Es considerada quizás la prueba más difícil y decisiva en un juicio, sobre todo cuando de su resultado depende el veredicto de absolución o condena.
Más interesante y de apasionado estudio cuando existen o se establecen serias discrepancias entre peritos de la Fiscalía y la defensa.
Sí, es que no se olvide que la nueva filosofía que rige el Sistema Penal Acusatorio, está basada más que todo en la igualdad de armas, y precisamente con fundamento en ello, ambas partes están en su derecho de apoyar sus tesis en pro o en contra de su teoría del caso, en las conclusiones que dictaminen sus peritos.
De allí que ante una confrontación tan riesgosa por lo que puede representar para el futuro del imputado, es necesario recurrir a peritos perfectamente idóneos que apoyen su contención con argumentos y demostraciones contundentes e indubitables.
Se hace entonces necesario también que la experiencia de los peritos esté suficientemente probada y analizada; comenzando porque el lenguaje usado en las deliberaciones debe ser entendido por todos.
Por tanto, nada mejor que, si como defensa tenemos la convicción de que nuestros peritos están en capacidad de desvirtuar la tesis de la Fiscalía, debemos convertir la sala de audiencia en un laboratorio: llevar un microscopio de comparación, diagramas, cartas y amplificación fotográficas de casquillos y balas, todo montado en atriles. Allí deben comparecer nuestros testigos estrella, es decir, los peritos de la defensa.
En efecto, por ejemplo, cuando se dispara una automática, ésta deja sus “huellas digitales” tanto en la bala como en el casquillo.
En el momento del disparo se produce una tremenda presión repercusiva y el lugar en que se fija la parte posterior del casquillo, antes de salir éste, proyectado fuera del arma, deja variablemente la huella de su marca en el casquillo.
Luego, a través del microscopio que debe tener campos gemelos, en uno de ellos va un casquillo de prueba (es decir de los que se disparan con el arma supuestamente empleada); y en el otro se coloca el casquillo encontrado cerca del cuerpo de la víctima.
Si el microscopio muestra marcas idénticas, no cabrán dudas de que la pistola de nuestro representado ha disparado los tiros a la víctima; y no queda otra que admitir su culpabilidad.
Pero si las marcas son distintas completamente, totalmente diferentes a las marcas que presentan los casquillos presentados por el Fiscal, lógicamente la conclusión no será otra que la declaratoria de inocencia de nuestro defendido; y la ventaja del microscopio en la sala será que el Juez podrá pasar por él y decidir por sí mismo.
De esa forma, por si acaso no le hubiese creído a los testigos, si tendrá que creer lo que vea con sus propios ojos.
De tal suerte que siempre creeré que la vista es un órgano más receptivo que el oído. Posiblemente, un Juez podría no creer algo que escuchara, pero ciertamente tendrá que creer algo que hubiese visto.
*Defensor Público
NIETOPARDOLUISRAFAEL@latinmail.com
Luis Rafael Nieto Pardo