El cumplimentado es el señor Sigifredo Zuleta Palmezano, quien lo celebró el pasado cinco de marzo compartiendo con su esposa Matilde E. Araujo Mejía, que está en camino de los 98 abriles. La pareja lleva una convivencia plena por algo más de 70 años y suman una descendencia de diez hijos, tres hombres y siete mujeres, quienes se han destacado en la comunidad como excelentes ciudadanos, respetuosos y cumplidores de sus deberes.
Sigifredo y ‘La Mona’, como se le llama cariñosamente a la abuela, han quedado como sobrevivientes de esa histórica aldea que sirvió de inspiración al maestro Leandro Díaz en su conocida canción que lleva por título “Los Tocaímeros”. Esta pareja de ancianos que le siguen haciendo resistencia al paso de los años, representa el tronco de un árbol genealógico que se extiende como por la quinta generación. El abuelo, se ha caracterizado por su cultura, trato suave y amable en sus relaciones familiares y sociales. Fue un asiduo lector de periódicos y textos de literatura clásica de la cual destaca como su preferida “Las Mil y una Noche”. Durante ese largo tiempo de compartir en familia, se le recuerda haciendo relatos de acontecimientos históricos, como los de la Segunda Guerra Mundial. Cultivó el amor por el estudio de la lengua española y, en ese sentido, acostumbraba de vez en cuando, recitar poesías aprendidas en su época de estudiante de escuela. Mientras tomaba los alimentos, se hacía acompañar de un viejo radio de batería a través del cual se informaba de la evolución de la humanidad.
El suscrito, autor de esta nota, se cuenta como uno más de su larga lista de nietos. Fue mi abuelo y padre de crianza al mismo tiempo. En él tuve la figura paterna que me compartió afecto y contribuyó en mi formación, a través del consejo y la orientación oportuna y certera.
Me inculcó el amor hacia el estudio, la lectura de prensa y libros. Me decía, “hijo, aprende de los grandes hombres”, y citaba como ejemplo al ex presidente Alfonso López Pumarejo, por quien tenía un sentimiento muy especial de admiración. Conocía muchos pasajes de su vida personal, familiar y los méritos de su primer gobierno llamado ‘La Revolución en Marcha’.
Mi abuelo se caracterizó por su fidelidad a su glorioso partido liberal, religiosamente lo acompañó en sus jornadas electorales depositando su voto por los cuadros del partido. Eso sí fue una cuestión de principio, ya que nunca esperó ni solicitó retribución del partido.
El abuelo ha sufrido un desgaste físico, perdiendo magnitud corporal, pero conserva sus facultades mentales. ¿Cuál es el secreto de su prolongada existencia? Su condición de persona tolerante, apacible, siempre acudió al diálogo razonable para dirimir las diferencias familiares. La plata la concibió como un medio indispensable para cubrir necesidades, pero no sufrió de avaricia, ni sufrió de intrigas, ni de envidia por los bienes ajenos.
Su régimen alimenticio ha estado basado en el gusto por el sancocho criollo de costilla con buen bastimento. La yuca es infalible en su dieta diaria. Le tiene fe como medicamento casero al limón, la sal o la salmuera, la cual solicita con mucha frecuencia. Recuerdo haberle escuchado en determinada ocasión que los alimentos como las carnes, incluyendo la de cerdo, producen malestar al organismo dependiendo de la forma como se haya criado el animal. En su época los animales se criaban con los frutos de los árboles silvestres y no se le aplicaban sustancias químicas inyectables. El problema de hoy está en la impureza de lo que se consume.
Después de haber permanecido por más de dos décadas en Bogotá y varias ciudades de México por razones de estudio y trabajo, he regresado a mi patria chica, San Diego, para compartir y celebrar estos grandes acontecimientos: los 103 años de mi abuelo. La relación de pareja que han sabido compartir por tantas décadas mis abuelos, es un verdadero ejemplo para las presentes generaciones que establecen matrimonios que no aguantan la más mínima discusión cuando ya están en proceso de disolución, recayendo las consecuencias sobre los hijos que se levantan en un ambiente con carencias afectivas que los marca indefectiblemente para todo el resto de su vida. Del ambiente familiar depende el futuro de la sociedad colombiano.
Yonglin Ovalle Zuleta