Cada día es más alta y preocupante la serie de episodios narrados en prensa, radio y televisión acerca de los feroces ataques de novios, amantes, esposos o maridos iracundos en contra de sus damas de compañía, relacionadas en eses orden.
Pero lo que más nos preocupa y nos ha motivado a escribir de nuevo sobre el tema en menos de un mes, es que los ataques han desbordado nuestro poder de imaginación; pues ya no solo las muelen a golpes, sino que además, no contentos con ello los desadaptados enemigos del bello sexo (quien lo creyera), esgrimen contra ellas tizones de candela, varillas de hierro, garrotes y hasta una gruesa, grande y cortante “rula”, tal y como escuchamos estupefactos la narración televisada de una de las recientes víctimas en la Costa; joven mujer que por fortuna y utilizando el viejo truco de “hacerse el muerto (la muerta en este caso) logró salvar su vida y así evitar que el energúmeno y violento marido culminara su macabra tarea.
A estas alturas, supongo que ya muchos se estarán preguntando a que obedece el titulo de la columna. Cierto.
Pues resulta que Federico Guillermo Nietzsche, filosofo alemán, muerto en 1990; critico de los prejuicios morales; también incluyo los temas de la transmutación de los valores del súper hombre y del eterno retorno, a través de los cuales se reafirma el espíritu libre, siendo estos temas desarrollados en ‘Así hablaba Zaratustra’, escrito entre 1883 – 1885; ‘Más allá del bien y del mal’, 1886; ‘Genealogía de la Moral’, 1887; ‘El Crepúsculo de los Ídolos’, 1889.
De seguro podría afirmarse que ninguno de estos bárbaros, protagonistas de tales noticias habrá estudiado la filosofía de Nietzsche y le habrá parecido buena; más evidente aún que ninguno habrá oído jamás hablar del sombrío germano. Pero por las brutalidades cometidas que de ellos hemos leído, tal parece que hubieran sido prosélitos devotos de aquel, puesto que solo un hermano con complejo de súper hombre podría propinarle puntapiés a una mujer en el estomago (machetazos para el caso), y decirle “así hablaba Zaratrusta.”
“El hombre, escribió Nietzsche, será adiestrado para la guerra, y la mujer para la recreación del guerrero, todo lo demás es tontería”. En otro aparte escribió: “La felicidad de un hombre es Yo quiero; la felicidad de la mujer es él quiere.”
Según la filosofía básica de Nietzsche, “Un hombre que tiene profundidad de espíritu y de deseos, y que también tiene la profundidad de benevolencia capaz de severidad y rudeza, debe concebir a la mujer como una posesión, como una propiedad a su servicio. El egoísmo es propio a la esencia de toda alma noble,”
Pero en resumen, la frase, que según H.L. Mencken, convirtió a Nietzsche en “una pestilencia para las narices del ortodoxo”, es una línea del libro. ‘Así hablaba Zaratustra’. “¿Vas con la mujer? ¿No olvides el látigo?”.
Por favor señores; esas bárbaras costumbres pudieran prevalecer entre los nazis en la Alemania de 1935, pues para ellos había que “usar”, no “amar” a la mujer. Pero no en esta época, donde afortunadamente proliferan tantas y tan bellas archí hermosas damas: como las tilda el amigo y colega Carlos Quintero.
Bien que esta joven recientemente agredida tan brutalmente haya hablado y narrado tan detalladamente la agresión en televisión; pues sabemos que las mujeres, a menudo deliberadamente, arrojan fuera de su ser consciente las cosas desagradables; las madres “olvidan” deliberadamente los dolores del parto. Lo normal es recordar. Solo aquello que no desea recordar.
Es de suponer entonces en esta valerosa muchacha, lo histérico que le habrá resultado el conflicto interno entre su sentido de la vergüenza y la necesidad de decir toda la verdad y desenmascarar al nazi criollo.
Por favor, señores, a las mujeres no se les maltrata “ni con el pétalo de una rosa”. Felicitaciones en su día.
*Defensor Público
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Luis Rafael Nieto Pardo