Las palmas, sin duda, para la administración departamental. El encuentro de autoridades ‘El Cesar Dialoga’, que recién acaba de concluir, es un buen ejercicio de integración, retroalimentación y proyección.
Se trata, palabras más palabras menos, de construir un permanente canal de comunicación entre el gobierno departamental y los alcaldes de todos los municipios cesarenses; se trata de articularse definiéndose compromisos de participación de parte y parte.
De hecho, de esos encuentros ha de brotar muy buena parte de los insumos para la elaboración del Plan de Desarrollo cuatrienal de la actual administración, aplaudiéndose la diligencia con que se ha comenzado la tarea.
Los augurios son buenos, ciertamente, resaltándose de lejos el empeño del gobernante de mantener una constante comunicación con la comunidad en general, y en especial con los mandatarios seccionales del Cesar.
La iniciativa es afortunada, se repite, y el discurso suena bonito; inclusive, las estrategias conocidas para su implementación, además de creíbles, son de una sencillez tal que las hace hasta fáciles para su cumplimiento.
Pese a la simplicidad del proyecto, lo que para nada le resta su trascendencia vital, preocupa su ejecución, y su ejecución eficiente y eficaz, de suerte que resulte todo lo productivo que se aspira.
Preocupa por la proverbial característica de los cesarenses, que no pecan por defectos de sueños sino por falta de tracción para empujarlos hasta hacerlos realidades; muchos proyectos se han quedado en tinteros y anaqueles, agravando la frustración ciudadana.
Podría alegarse que eso era antes, que los talantes han cambiado. Ojalá, que el optimismo debe ser premisa y sentimiento necesario para acometer los cambios.
La sociedad, y cada sector representativo en particular, debe convertirse en tábano para que efectivamente los encuentros con los alcaldes y las mesas de trabajo se lleven a cabo con la periodicidad programada, y que además, es lo importante, se dé una dinámica tal que mantenga vivo y comprometido el interés de los participantes.
Otro tanto ha de acaecer con los encuentros ciudadanos, enmarcados en la misma encomiable filosofía de interactuar asiduamente con la comunidad, atendiéndose sus reclamos y observaciones.
Es la comunidad, el pueblo, además del mandante de todo gobierno democrático, un manantial inagotable de propuestas e iniciativas conducentes a la solución de cuantas problemáticas se atraviesen en el camino. Si ello es así, resulta apenas lógico volver a los orígenes, acudir a ellos en pos de consejos y ayudas.
Desde luego, aquí también cabe el mismo predicamento antes mentado. Ha de evitarse el riesgo de ‘politiquiar’ tales encuentros, pues no sólo resultarían inútiles sino frustrantes.
Se aplaude y reconoce la iniciativa y la implementación sugerida, cómo no, si estos son postulados básicos del mandatario ideal. Pero también se advierten los riesgos, para que se precavan. Como se va, se va bien.
EDITORIAL