Desde épocas remotas existe la sabia expresión latina, producto de luchas libertarias, de que “la voz del pueblo es la voz de Dios”.
Y en Colombia el inolvidable e inmolado líder paladín y mártir, Jorge Eliécer Gaitán, acuño la frase de que “el pueblo es superior a sus dirigentes”.
Las dos expresiones, que encierran indiscutible sabiduría popular, se pueden apreciar entre nosotros con motivo del triunfo arrollador que acaba de obtener el carismático joven político Cristian Moreno Panezo para la gobernación del agobiado departamento del Cesar que está en vísperas de cumplir 40 años de existencia.
El triunfo de Moreno fue como alud, incontenible, increíble, pues superó a uno de sus contendientes – candidato de la Alianza del Partido Conservador y del pretenso Partido Liberal por casi cien mil votos - invencible, insuperable! Y al otro candidato, quien demostró igual capacidad, liderazgo y prudencia por un guarismo superior a los 47 mil votos.
Juntos fueron arrollados por el triunfador.
Resalta, con máxima evidencia soberana, que el pueblo del Cesar le ha otorgado a Cristian Moreno un mandato claro, contundente, indiscutible y, en tal virtud, lo democrático, lo procedente es reconocerlo así, sin remilgos y sin eufemismos; nunca antes, nadie, había logrado un triunfo similar.
Desde luego que ese triunfo conlleva también una gran responsabilidad y el deber irrenunciable de cumplir lo prometido. De comprometerse por entero al servicio del departamento, de la comunidad, especialmente de las clases más necesitadas, de las madres y la niñez desamparada, de los desplazados, de los pueblos con necesidades múltiples insatisfechas y a resolver los grandes conflictos que confronta el departamento como el ambiental pues se está quebrando nuestro ecosistema.
La jornada electoral en la capital consagró como su nuevo burgomaestre al arquitecto Rubén Carvajal. Es una buena escogencia porque Carvajal Riveira es un gran trabajador, tiene praxis administrativa, especialmente en cuanto a vivienda y movilidad, no es soberbio y quiere mucho a su ciudad natal.
Si los dos gobernantes no incurren en el infantilismo de poner su orgullo personal por encima de las necesidades de la ciudad, se esperan buenos resultados para nuestra ciudad y para el municipio que es necesario recuperar, especialmente en sus recursos, en mala hora comprometidos.
En esta jornada hay otros triunfos impersonales que reivindicar:
Se derrotó el terrorismo colectivo y personal de paracos y guerrilla.
Se derrotó el abstencionismo
Se derrotaron las encuestas
Se derrotó el consetudinario fraude electoral que era el que otorgaba credenciales y curules.
Seguimos pensando, como lo veníamos predicando, que llego la hora de reivindicar el buen nombre y el honor del Cesar y recuperar la convivencia que antes reinaba en este terruño amado.
A los perdedores: a Arturo Calderón, quien pagó platos que él no ha roto, y quien demostró que sería un excelente gobernador; a Freddy Socarrás; al líder Luis Mariano Murgas; a Gonzalo Gómez; a Luis Fabián Fernández; a Orlando Velásquez; a Maya Castilla; que sencillamente tomen aire y sigan para adelante, que si fueron derrotados no han sido vencidos, que simplemente perdieron una batalla pero no la guerra.
Que hay mucho porvenir y muchas victorias y glorias por conquistar.
¡El Cesar necesita de ustedes y de todos!
Y como la oportunidad se presenta, la queremos aprovechar para invitar respetuosamente a las diferentes vertientes del partido liberal y a quienes temporalmente se distanciaron de el, ha que hagamos un acto de reflexión y tratemos de lograr el necesario reagrupamiento que aconseja al futuro. Sin rencillas y sin vendetas miremos hacia la plaza de Bolívar, hacia el Capitolio Nacional donde hay por lo menos seis curules por proveer.
Miremos como el partido conservador, con su táctica de unidad, de peleas en la casa y no en la plaza, esta logrando unas mayorías que siempre ha mantenido el Partido Liberal mirando desde el centro hacia la izquierda.
Aníbal Martínez Zuleta