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Los nuevos desafíos para el sistema educativo
03/09/2007

A propósito del pensamiento del Señor Presidente de la Republica, “Colombia: país en proceso de mejorar sus indicadores de productividad y competitividad”, es importante detenerse en las implicaciones y demandas de este proceso.

La experiencia es que las sociedades que han iniciado estos procesos han implementado tecnología asociada a la mejoría de los procesos productivos y a la planeación, administración, gestión de la producción y el trabajo, para hacer un mejor uso de sus recursos.

Se puede detallar, que además de la reconversión tecnológica y el cambio en su estructura, para competir y mantenerse en el mercado, las organizaciones han implementado estrategias diversas, tales como: la planeación estratégica, los modelos de calidad total y mejoramiento continuo, la reingeniería de procesos, la gerencia del servicio y la implementación de normas ISO que buscan ajustar procesos y productos a requerimientos de carácter internacional.

En general, estas estrategias conducen a pensar que las personas que realizan los procesos de producción y dinamizan planes de competitividad deben cumplir con unos estándares e indicadores de competencias relacionados con la capacidad para desarrollar eficazmente un trabajo, utilizando los conocimientos, habilidades y destrezas, así como los atributos que faciliten el desempeño de unas funciones especificas en situaciones contingentes y problémicas.

En este punto cobra importancia el sector educativo; la escuela es responsable de incidir en variables asociadas a la generación del capital humano; para iniciar este proceso es necesario contar con personas que posean unos modelos mentales orientados a los resultados, a la calidad, al aprendizaje continuo, a la creatividad y que hayan desarrollado competencias básicas, ciudadanas y laborales, prioritariamente de tipo general, que les permitan emplear sus recursos cognitivos para trabajar, aprender, desarrollar habilidades y destrezas específicas y moverse en campos y acciones variadas bajo principios éticos.

En virtud de lo anterior es necesario iniciar procesos de reconstrucción de los procesos de orientación escolar. El desafió es grande y no se puede ser inferior a él.

El reto consiste en elevar la calidad y pertinencia de los programas y en mejorar la vinculación de la capacitación con la transformación de la estructura productiva. La educación debe actualizar su enfoque de formación para desarrollar en los estudiantes competencias laborales que incrementen sus probabilidades de éxito en la vida personal y social.

Para el sector educativo esto implica ampliar sus perspectivas con información sobre la dinámica y tendencias de su entorno, acercarse al mundo productivo para establecer alianzas, contribuir con una educación pertinente y de buena calidad y ser parte activa y fundamental de la estrategia de competitividad y productividad regional y nacional.

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Wílmer Galindo Ospino
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