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TIEMPO DE LA PALABRA
27/09/2008

El poeta de cabecera en la infancia de García Márquez

FRAY LUIS DE LEON  (1527-1591), nació en Belmonte, provincia de Cuenca (España). Hacia 1541 ó 1542,  ingresa en la orden de los agustinos, doctorándose más tarde en teología. En marzo de 1572 fue detenido por la Inquisición y encarcelado en los calabozos que en Valladolid tenía el Santo Oficio.

Durante cinco años fray Luis permanece aislado en una celda de la Inquisición sin saber quién le acusa y, durante algún tiempo, de qué se le acusa. No obstante, será en la cárcel donde escribirá algunos de sus mejores y más famosos poemas, como aquel que comienza:

Aquí la envidia y la mentira

me tuvieron encerrado.

Dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa

en el campo deleitoso

con sólo Dios se compasa,

y a solas su vida pasa,

ni envidiado ni envidioso.

Sin embargo, en 1576 sale libre del proceso con más vigor y energía moral que antes, si bien su salud queda quebrantada. Famosa se ha hecho la frase de su vuelta a la cátedra de Salamanca con aquel: 'Decíamos ayer...' que indica su triunfo interior contra la maldad de sus enemigos.

Tras obtener la cátedra de Sagrada Escritura en 1580 y ser elegido provincial de su orden en Castilla muere en Madrigal de las Altas Torres.

ODA A TODOS LOS SANTOS 

¿Qué santo o qué gloriosa 

virtud, qué deidad que el cielo admira, 

oh Musa poderosa 

en la cristiana lira, 

diremos entretanto que retira 

el sol con presto vuelo 

el rayo fugitivo en este día, 

que hace alarde el cielo 

de su caballería? 

¿qué nombre entre estas breñas a porfía 


repetirá sonando 

la imagen de la voz, en la manera 

el aire deleitando 

que el Efrateo hiciera 

del sacro y fresco Hermón por la ladera?; 

a do, ceñido el oro 

crespo con verde hiedra, la montaña 

condujo con sonoro 

laúd, con fuerza y maña 

del oso y del león domó la saña. 

Pues, ¿quién diré primero, 

que el Alto y que el Humilde?, y que, la vida 

por el manjar grosero 

restituyó perdida, 

que al cielo levantó nuestra caída, 

igual al Padre Eterno, 

igual al que en la tierra nace y mora, 

de quien tiembla el infierno, 

a quien el sol adora, 

en quien todo el ser vive y se mejora. 

Después el vientre entero, 

la Madre desta Luz será cantada, 

clarísimo Lucero 

en esta mar turbada, 

del linaje humanal fiel abogada. 

Espíritu divino, 

no callaré tu voz, tu pecho opuesto 

contra el dragón malino; 

ni tú en olvido puesto 

que a defender mi vida estás dispuesto. 


Osado en la promesa, 

barquero de la barca no sumida, 

y a ti que la lucida 

noche te traspasó de muerte a vida. 


¿Quién no dirá tu lloro, 

tu bien trocado amor, oh Magdalena; 

de tu nardo el tesoro, 

de cuyo olor la ajena 

casa, la redondez del mundo es llena? 

Del Nilo moradora, 

tierna flor del saber y de pureza, 

de ti yo canto agora; 

que en la desierta alteza, 

muerta, luce tu vida y fortaleza. 

¿Diré el rayo Africano? 

¿diré el Stridonés sabio, elocuente? 

¿o el panal Romano? 

¿o del que justamente 

nombraron Boca de oro entre la gente? 


Columna ardiente en fuego, 

el firme y gran Basilio al cielo toca, 

mayor que el miedo y ruego; 

y ante su rica boca 

la lengua de Demóstenes se apoca. 


Cual árbol con los años 

la gloria de Francisco sube y crece; 

y entre mil ermitaños 

el claro Antón parece 

luna que en las estrellas resplandece. 


¡Ay, Padre! ¿y dó se ha ido 

aquel raro valor? ¡Oh!, ¿qué malvado 

el oro ha destruido 

de tu templo sagrado? 

¿quién cizañó tan mal tu buen sembrado? 


Adonde la azucena 

lucía, y el clavel, do el rojo trigo, 

reina agora la avena, 

la grama, el enemigo 

cardo, la sinjusticia, el falso amigo. 


Convierte piadoso 

tus ojos y nos mira, y con tu mano 

arranca poderoso 

lo malo y lo tirano, 

y planta aquello antiguo, humilde y llano. 


Da paz a aqueste pecho, 

que hierve con dolor en noche escura; 

que fuera deste estrecho 

diré con más dulzura 

tu nombre, tu grandeza y hermosura. 


No niego, dulce amparo 

del alma, que mis males son mayores 

que aqueste desamparo; 

mas, cuanto son peores, 

tanto resonarán más tus loores.

  NOCHE SERENA 

(Fragmento)

Cuando contemplo el cielo 

de innumerables luces adornado, 

y miro hacia el suelo 

de noche rodeado, 

en sueño y en olvido sepultado, 


el amor y la pena 

despiertan en mi pecho un ansia ardiente; 

despiden larga vena 

los ojos hechos fuente; 

Loarte y digo al fin con voz doliente: 


«Morada de grandeza, 

templo de claridad y hermosura, 

el alma, que a tu alteza 

nació, ¿qué desventura 

la tiene en esta cárcel baja, escura? 


¿Qué mortal desatino 

de la verdad aleja así el sentido, 

que, de tu bien divino 

olvidado, perdido 

sigue la vana sombra, el bien fingido? 


El hombre está entregado 

al sueño, de su suerte no cuidando; 

y, con paso callado, 

el cielo, vueltas dando, 

las horas del vivir le va hurtando. 


¡Oh, despertad, mortales! 

Mirad con atención en vuestro daño. 

Las almas inmortales, 

hechas a bien tamaño, 

¿podrán vivir de sombra y de engaño? 


¡Ay, levantad los ojos 

aquesta celestial eterna esfera! 

burlaréis los antojos 

de aquesa lisonjera 

vida, con cuanto teme y cuanto espera. 


¿Es más que un breve punto 

el bajo y torpe suelo, comparado 

con ese gran trasunto, 

do vive mejorado 

lo que es, lo que será, lo que ha pasado? 

Inmensa hermosura 

aquí se muestra toda, y resplandece 

clarísima luz pura, 

que jamás anochece; 

eterna primavera aquí florece. 


¡Oh campos verdaderos! 

¡Oh prados con verdad frescos y amenos! 

¡Riquísimos mineros! 

¡Oh deleitosos senos! 

¡Repuestos valles, de mil bienes llenos!»
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