COPETE ‘RAJADO’
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Al tablero de la Asamblea deberá pasar el miércoles próximo, el secretario de Educación Departamental, Héctor Copete Palacios, cuestionado duramente por los diputados.
Los de la Duma andan medio molestos con el Secretario porque, según ellos, no ha hecho bien las ‘planas’ y no ha cumplido con cuatro deberes principales: Fedes Cesar, concurso de docentes, alimentación escolar y procesos administrativos en los colegios del departamento.
A Copete le guardarán ‘harta’ tiza para que se dé gusto explicando y convenciendo de que no es un alumno desaplicado, porque a juicio de los diputados’, se está ‘rajando’ y al paso que va ‘perdería el año’.
SE PRENDERÍA EL ‘VENTILADOR’
Juicioso acudió a la Contraloría Departamental el abogado Dilso Armesto, el mismo que actuó como apoderado de la ex alcaldesa de Aguachica, Luz Irina Pérez, acusada por cobrar títulos valores por valor de 156 millones de pesos que pertenecían al Municipio.
Armesto no quiso hablar con la prensa porque primero lo hará ante los organismos de control y judiciales. Lo único que anticipó es que él sí cobró los citados títulos, pero los entregó a la Administración Municipal.
“Si no los consignaron o no ingresaron a las arcas del Municipio, no fue culpa mía, yo sólo cobré”, dijo el abogado.
Como se observan las cosas, Armesto prendería el ‘ventilador’ y salpicaría a más de uno de la administración anterior. Vientos borrascosos soplan por allá.
COMPUTADORES CAROS
El lunes próximo se conocerán los resultados de las auditorías realizadas por la Contraloría Departamental en la Gobernación del Cesar y en varios municipios.
Por los lados de la Gobernación, según contó una fuente oficial, se encontraron cosas ‘estremecedoras’ que dejarán perplejo a más de uno.
Por ejemplo, se conoció de un contrato de más de mil millones de pesos, para compra de computadores, proyectado por la administración Canosa, pero que lamentablemente, tal vez por error, fue autorizado por funcionarios del actual gobierno.
La compra no se podía hacer y aun así fue autorizada. ‘Quien inocentemente peca, inocentemente se condena’, dice la máxima popular.