La pasividad puede convertirse en un estilo de vida en el que realizar la más pequeña actividad se convierte en todo un suplicio. Se puede ser pasivo en diferentes grados: el que aplaza con frecuencia determinadas actividades y el que dice NO a todo por desgano, desdeño e indiferencia.
Sea cual sea el grado, la pasividad puede llevarnos a un círculo vicioso de difícil salida: el no hacer nada nos hace sentir inútiles, y al sentirnos inútiles nos sumimos en un estado de depresión en el que no nos apetece hacer nada y así sucesivamente. En definitiva:
Cuanto menos cosas hacemos, menos nos apetece hacer y más tristes e inútiles nos sentimos.
La difusión de la pasividad como forma de vida se debe fundamentalmente a dos razones:
Primero, a un cambio de ambiente social desfavorable: Muchos adolescentes observan que los valores preferidos por los adultos son el éxito, el rendimiento, el poder del dinero o el bienestar. Los nuevos "ideales" de la gente mayor se reducen, en muchos casos, a intereses individualistas, lo que no estimula a los jóvenes a participar activamente en la sociedad.
En segundo lugar, la pasividad surge cuando el joven se va acostumbrando a una vida sin esfuerzo y muy permisiva. Si ha encontrado siempre todo hecho y ha vivido cómodamente, sin problemas, sin tomar decisiones, responsabilidades, ni aportar personalmente a su familia ni al colegio y preferirá seguir actuando así.
¿Qué hacer para combatir la pasividad?
Para romper el círculo vicioso de la pasividad hay que acabar con el aplazamiento y la inactividad y para eso solo es necesario comenzar con pequeños, pero valiosos pasos. Según el portal guiadepsicologia.com, estos son algunas ideas para combatir la pasividad:
Pequeños pasos Grandes pasos:
-Llamar a un amigo Planificar unas vacaciones.
-Estudiar un nuevo idioma Matricularse en un curso interesante.
-Ordenar la habitación o el armario Buscar trabajo.
-Ir al cine o a un museo Practicar un deporte.
-Leer un libro o una revista Aprender una nueva habilidad.
-Pintar, hacer crucigramas o dedicarse a otra afición.
-Inscribirse en un voluntariado.
Para combatir la pasividad es preciso NO aplazar ninguna actividad que se tenga o se quiera hacer. Si a todo se le encuentran “peros” será imposible salir del círculo vicioso.
Otro enemigo de la actividad son los pensamientos negativos como: “no voy a poder”, “es absurdo intentarlo porque nada puede hacer que mi situación mejore”,” todo es inútil”, etc. Al detectar estos pensamientos solo tenemos que tratar de cambiarlos por otros más ajustados a la realidad.
Radiografía del pasivo:
Pero, ¿cómo saber si se ha caído en un estado crónico de pasividad? Pues evalúe las siguientes afirmaciones que definen a un pasivo:
Pasivo es el que decide no preocuparse por ningún problema y vivir al margen de lo que ocurre.
-No se anota ni se compromete con nadie.
-Asume una postura deliberada y permanente de automarginación.
-En el pasivo se observa falta de análisis y mucha flojera mental. Toda su filosofía mental se resume en un par de frases: "igual, no pesco".
-No protesta ni se enoja. Simplemente procura no verse afectado por nada. Quiere vivir cómodamente, sin problemas, en su mundo.
-Está disconforme con la sociedad en que vive, lo mismo que el rebelde. Pero éste último no se conforma, mientras que el pasivo sólo exterioriza su desagrado a través de un aspecto físico descuidado y una forma irónica de hablar.
Las causas de la pasividad:
Según una encuesta de un periódico europeo a adolescentes, las causas del pasivismo se resumen en las siguientes frases:
-Cobardía: en lugar de solucionar los problemas se opta por evadirse de ellos.
-Insatisfacción personal: es tener muchos problemas y huir de ellos.
-Falsa libertad: despreocuparse de todos los problemas que se puedan tener y hacer lo que uno tenga ganas.
-Flojera: hay personas inactivas que prefieren una vida fácil.
-Pereza de vivir: entre la gente joven hay muchos hartos de vivir, que no saben qué hacer...