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El mercado “nuevo” y los mercaderes
28/06/2008

Por Giomar Lucía Guerra Bonilla

“… Sale loco de contento con su cargamento para la ciudad,
lleva en su pensamiento, todo un mundo lleno de felicidad
Piensa remediar la situación, del hogar que es toda su ilusión. ¡ SI…!
Y alegre el jibarito va pensando así, diciendo así, cantando así,
por el camino. Si yo vendo la carga mi Dios querido un traje
a mi viejita voy a comprar…”
( Lamento borincano. Rafael Hernández)

En los pueblos antiguos, precolombinos, modernos, contemporáneos, las plazas de mercado han ocupado lugar preeminente, como sitio donde no sólo se realizan las actividades comerciales que en algunas épocas fueron el trueque, en otras al nacer la moneda la comercialización más avanzada, sino por ser sitio de encuentro para el diálogo, la conversación, incluso para el filosofar de los griegos y atenienses, mayas, incas, tayronas y otros muchos.

En Valledupar desde el momento de la consolidación del Cesar como Departamento, poniendo de presente el impulso y el sólido potencial económico, el valioso recurso humano, el crecimiento poblacional, el desarrollo urbanístico de la ciudad capital, entre otros factores que constituyen a esta ciudad en un polo orientada a generar cambios significativos en diversos órdenes, que le permitieron mostrar su mayoría de edad y asumir con autonomía su propio derrotero, al en ese momento alejado y poco conocido rincón del país, que asombró y atrajo a muchos compatriotas posteriormente.

El Plan Piloto de Valledupar, elaborado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi al despuntar el Cesar, especifica la zonificación y usos del terreno urbano, entre otras, la actividad comercial. Encontramos, entonces el área para uso del mercado y su contexto municipal. El área dedicada al “mercado nuevo”, como sigue denominándose, a pesar de haber transcurrido cuatro décadas de construido, porque reemplazó al mercado viejo que estaba donde hoy funciona la galería comercial ( Calle 18 entre carreras 7 y 7A).

“El Arquitecto Raúl López Araújo y el Ingeniero Julio Villazón Baquero concibieron con acierto y de manera adecuada a los flujos peatonales y vehiculares de las intersecciones de la Avenida Pastrana con las calles 20 y 21 y con la carrera 15, flujos dirigidos hacia esos puntos y que evidencian la forma de un trébol circunscrito en el lote de forma triangular destinado para la construcción del mercado en mención.

Las zonas para diferentes usos funcionales fueron debidamente zonificadas: carnes de diferentes clases, zonas de legumbres y vegetales, de frutas, granos, quesos, especias, bastimentos y vituallas y así sucesivamente. Todo bien configurado y con circulaciones externas que llegan a un punto central después de recorridas tangencialmente las zonas descritas, para salir de este punto a zonas laterales de egreso peatonal.

La construcción fue concebida para responder a las inclemencias y deterioros producidos en este tipo de construcción por el permanente uso y concurrencia de los compradores. La estructura es de carácter expansivo, cuyos módulos, podían seguir creciendo hacia los lados de las áreas desocupadas.

Sin embargo este modelo abierto urbanística, constructiva y arquitectónicamente no fue comprendido y tal vez debido a los escasos recursos de los comerciantes, no pudo dársele la debida continuidad por los costos que conllevan estas ampliaciones”, nos explica el Arquitecto Luis Guerra.

Lo anterior no justifica la situación, de desaseo y de diversa índole en que está este mercado apreciado por los habitantes de la ciudad y de otras regiones. Por lo cual hacemos algunas recomendaciones para su recuperación.

-Estudiar la posibilidad de ampliar la zona de mercado hacia el lado occidental de éste, donde acorde con el entorno de un espacio para la recreación y el deporte, pueda contar con avenidas pavimentadas y arborizadas.

-Analizar y retomar la estructura inicial y replantear, lo cual sería un regalo que agradecería la gran cantidad de personas que quieren este mercado, y que a pesar de lo caótico durante muchos años, han sido sus más asiduos clientes.

Porque es mucha la gente que conserva esta tradición y a pesar de todas las limitaciones para estacionar, transitar, la inseguridad que últimamente ronda por todas partes, los lodazales en invierno, el polvorín en verano y en fin tantas cosas, uno escucha conversaciones, así: “ Yo… nunca dejaré de ir al mercado. Adónde voy a conseguir una persona como mi comadre Bertilda que me guarda esos plátanos serranos, pero serranos de verdá, no como los que venden por ahí de Urabá, no mijita y además a Pedro le compro las verduras y por mil pesos, llevo una bolsa de ajíes rojitos, una yuca arinosa ¡vea! Con un quesito rayao´ de una quesera donde usted encuentra lo habido y por haber, las frutas ¡ Ni se diga!, esas cerezas que traen de Manaure son una delicia. Mejor no te sigo contando mijita porque nos estamos aquí todo el día.

Imagínate, si uno disfruta del mercado así como está y además consigues cosas buenas y económicas, que tal que el Alcalde Rubén Carvajal y el Gobernador Cristian Moreno se “metan la mano al dril” y lo mejoren. ¡Se lucirían …! Tu “sabes escoba nueva barre bien”. Yo no digo ya, ya, porque tampoco los puede uno atosigar y como dicen que el Plan de desarrollo siempre es demorado por tanta consulta que debe hacerse, aunque eso está bien, porque si uno quiere una casa bien construida necesita hacerle unos cimientos bien fuertes… Yo dejo esa inquietud, porque Valledupar es muy bonito y el mercado es parte importante del Valle. Aquí llega mucho turista y hay viajeros que les gusta visitar los mercados para ver artesanías, comidas típicas, ¡Uy, tántas cosas.¡ Además, ahí también se conoce como es la gente …” Amanecerá y veremos…
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