Por José Atuesta Mindiola
El pasado 20 de junio se realizó en el auditorio del seminario Juan Pablo II de Valledupar, el Primer Encuentro de la Cultura y la Fe , un evento organizado por el profesor de filosofía Juan Zambrano y estudiantes del seminario.
Fueron invitados como ponentes: el pintor Agustín Nieves, el médico Freddy Socarrás, el periodista Galo Picaza, la psicóloga Astrid Ustariz, el director de danzas, Carlos Calderón, el Sacerdote Jesús, director del Colegio El Carmelo, Monseñor Oscar José Vélez y quien esto escribe, presentó la ponencia, de la cual se transcribe un fragmento..
“La poesía, testimonio de amor y de fe”
El escritor está sometido a su compromiso esencial con la condición humana; él tiene que interpretar su experiencia de su tiempo, su visión personal de lo que ocurre. La preocupación del escritor no debe ser enviar mensaje, la pretendida comunicación se cumple o no se cumple. A propósito, dijo Juan Carlos Onetti, “La literatura jamás debe ser comprometida, simplemente debe ser buena literatura. La mía sólo está comprometida conmigo mismo. Que no me gusta que exista la pobreza es un problema aparte. La literatura es un arte y no pretendo cambiar el mundo con lo que escribo”. y prosigue el mismo autor, “creo que existe una desolación a partir de la ausencia de Dios. El hombre debe vivir actos religiosos (debo aclarar que no me refiero exclusivamente a la vivencia de un templo)”.
Para entrar en la magia de la poesía, y más exactamente en el terreno de la décima, escuchemos una de las décimas más famosas en el mundo católico, cuya autoría se le atribuye a Santa Teresa de Jesús.
Bendita sea tu pureza,
y eternamente lo sea,.
pues sólo Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Ti celestial princesa,
Virgen sagrada María,
yo te ofrezco en este día:
alma, vida y corazón.
Míranos con compasión,
no nos dejes Madre mía.
La poesía es el árbol de la gracia que florece desde la fresca savia de la tierra. El poeta contempla con ojos de asombros el espectáculo de la naturaleza. Un poema no existe sin una estructura espiritual, sin una armazón inteligible y lógica, afirma Agustín Fernández del Valle; pero con la pura armazón inteligible y lógica no se alcanza aún el valor emotivo que supone toda poesía. La autentica poesía de todos los tiempos ha hecho siempre su carne y su sangre de las fluidas y temporales vivencias del poeta. A propósito de esto, el escritor Antonio Machado, dijo:” No es la lógica lo que el poema canta, sino la vida, aunque no es la vida lo estructura el poema, sino la lógica”.
En el espíritu del artista existe una búsqueda interior de equilibrio, entre la emoción y la lírica; por eso, todo intento de hacer lírica al margen de la emoción humana, por una especie de algebra de las imágenes o de arte combinatorios de puros conceptos, ha resultado, a la postre, definitivamente estéril.
El poeta anda en pos de la expresión integral del hombre de cada tiempo y su poesía de debe ser un mundo poblado de figuras luminosas, no de fantasmas. El poetizar es, esencialmente, fundar el ser en palabras, ha enseñado Heidegger. En la voz de la escritora Mary Daza Orozco, “el poeta es un suspiro de Dios”.
El poeta es un ser de alma generosa que no pretende nada con sus versos, sino darle satisfacción a su espíritu y hablar con la madurez que van alcanzando sus palabras. El poeta en el momento de escribir no piensa en sus lectores, su voz interior le habla, y él escribe y reescribe hasta encontrar, lo que en su concepción integral considera que es la mejor manera de decir las cosas…… El poeta no busca a sus lectores; los lectores buscan a la poesía.
Del libro “ La Rosa del Cielo”, del padre dominico, Pablo E. Acebedo, tomé la siguiente décima….Saludo a Nuestra Señora
Salve, Reina del Rosario,
Virgen pura y bondadosa,
que recibes cariñosa
a quien llega a tu santuario.
Pues Jesús, desde el calvario
te hizo Madre Universal;
haz que todo fiel mortal
halle siempre tu favor
y disfrute de tu amor
en la Patria Celestial.
La poesía es la música del alma. La arquitectura sonora de su lenguaje es tan exquisita, que además, de conservar su ritmo interior, tiene medida y melodía propia. Leer mentalmente una buena poesía se siente que en los silencios de su melodía fluyen. Si la leemos en voz alta, con su entonación y su ritmo apropiado, su música en espiral de colores envuelve los latidos del corazón.
La poesía es un don que Dios les ha regalado a los seres humanos. Es un don que se descubre y se perfecciona con dedicación, trabajo, disciplina y perseverancia. El poeta se deja llevar por el asombro para contemplar el amor y la belleza, pero también lo conmueve el dolor y la guerra. Cada poeta expresa su universo en el poema, cada poeta escribe a su manera, mira al mundo con ojos que avizoran más allá de la simple mirada exterior. Cada poeta tiene su forma de volar, de soñar y de vivir.
La Madre Teresa De Calcuta, en su poema Para padres y maestros, escribió:
Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.
En una poesía, las imágenes no son cobertura de conceptos, sino expresiones de intuiciones. Hay en toda poesía, sentimientos singulares expresados en palabras sonoras, rítmicas, significativas, que manifiestan una honda palpitación del espíritu en contacto con el universo. El poeta no trata, como el filósofo, de afilar y determinar las palabras para convertirlas en conceptos del mayor rigor y precisión posibles, sino de trastocar el lenguaje tópico, comunal, mostrenco, para llegar a una metafísica del sentimiento.
La poesía no es género que agoniza, su árbol de ceniza no ha nacido. Si es cierto decir que la poesía tiene, en la actualidad, menos lectores. Esta afirmación se extiende a los otros géneros, con tanta prisa y competencia en la vida citadina hay menos instantes de sosiego para cultivar las virtudes del espíritu. Pero la poesía tiene su público selecto, que es una minoría de seres afortunados.