Por Luis A. Mendoza Villalba
En mis colaboraciones de escribidor en el suplemento cultural de El Pilón he venido trabajando, con alguna frecuencia, la pretensión de contribuir, en la medida de mis posibilidades, a la labor de divulgación y rescate de la memoria cultural de la ciudad.
Trato de seguir los pasos de cultores extraordinarios como José Atuesta, Geomar Guerra, Alvaro Castro, José Guillermo Castro, Julio Oñate Martínez, entre otros. En esta oportunidad me voy a valer de la ayuda de don Gabriel Cuello, residenciado en el Primero de Mayo, quien conoce las andanzas de los primeros pobladores del barrio. Uno de ellos es don Pepe Betancur de quien se dice que es viejísimo. Debe ser así porque llegó a Valencia de Jesús en lancha, en la época de gloria de esa ciudad. Según el mismo don Pepe, tuvo el significativo honor de inaugurar allí la Calle del Peatón; hay una placa que así lo indica.
Un día Pepe encontró a un señor que iba seleccionando de la basura y los desperdicios callejeros algunos objetos que iba echando a un saco. Pepe le dijo:
-¡Oye! ¿Tú que estás haciendo?
-¿Yo? Pues aquí buscando algo que me pueda servir: clavos, tornillos, resortes, en fin, cualquier cosa.
-Pero, hombre –le dijo Pepe-. Mira. Te aconsejo que te vayas para Atánquez. Allá tiene que haber mucha chatarra.
-¡Oiga, don Pepe! ¿Cómo va a haber mucha chatarra en Atánquez?.
-¡Sí! Así es. ¿No sabes que el cerro de Atánquez lo construyeron fue con carretilla? Así que ahí tiene que haber chatarra en cantidad.
Otro día, alguien que había conocido a Pepe en lejanas épocas le pregunta:
-Bueno, don Pepe. ¿Y usted ya no toma? Porque antes a usted le gustaba mucho el trago.
-Bueno, sí…Yo me acuerdo que una noche que había toque de queda, me estaba tomando unos traguitos. Me recosté en la ventana de una casa que quedaba en la plaza del Primero de Mayo y estando ahí afinando la guitarra, ya tenía ratico de estar en eso, cuando llega un agente de la policía que me dijo:
-¡Ah! Con que usted está aquí. Bueno ¡Acompáñeme!
-¡Con mucho gusto, señor agente! Y, dígame, ¿qué es lo que va a cantar?
Otro día, un viernes cultural, se escuchó en la madrugada un coro de voces que cantaba desordenadamente. Era un grupo de guajiros armados de botellas de whisky. Uno de ellos entonaba:
Le pegó el indio a la india / le pegó con un bejuco
porque la encontró acostada / sin chirajo, sin guayuco.
-Oiga, cantante. ¿Y eso qué significa?
- Bueno, ése es un capítulo aparte. Usted sabe.
Como a la gente le gusta que le digan la verdad, esa verdad por la cual murió Cristo, aquí van algunas verdades cantadas por otro miembro del grupo:
Vi tomando y nadando / a Teresa que está en carreras
También vi una cotorrera / en catorce idiomas hablando
Un cascabel confesando / a un gatico que tenía
Un muerto que se reía / de ver a un ciego leyendo
Y a un sordo que estaba oyendo / lo que un mudo decía ¡Guepa, je!
Pepe -dice don Gabriel- es un personaje que da para todo. Ocurre que la esposa de él no es católica y le costó bastante trabajo que él la siguiera en la misma religión. Un día se fueron para la iglesia y allá Pepe empezó a rezar. Sin embargo, en la casa jamás él había demostrado nada en ese particular. ¿Qué había pasado? Pues que, como a él le había gustado mucho el trago toda la vida, estaba sobresaliendo pero por la borrachera, se equivocó de guitarra y cantó lo que no era.
Don Gabriel recuerda que el amigo Pepe montó en el Primero de Mayo un taller de ebanistería con el nombre de Taller Las Tres B. Alguien dijo que ese nombre significaba “bobo, barriga y burro”. Pero Pepe alegaba que las tres B eran “bueno, bonito y barato” y la verdad es que el taller se distinguió por esas tres cualidades.
En la casa de Pepe se hospedó un día un vendedor de artículos de comida que promocionaba diciendo a grito entero:
Compre plátano/ plátano verde/ plátano amarillo/ compre plátano / y coma plátano/ y no más que plátano/ solamente plátano/ porque el plátano / es lo único que conforta / chupa y aprieta / y da fuerza en la cadera/ Está comprobado que el plátano / no produce difenilmetil-til-tilpirazolona / Pero no ese tal plátano / que llaman plátano / que le hacen creer a uno / que es un plátano / sino un plátano que es un plátano /¿No ha comido usted ese plátano? / Coma plátano / y no más que plátano
Dice Gabriel que cuando Pepe estaba pequeño lo encontró la abuela cabizbajo porque no daba para redactar la tarea que le habían puesto en la escuela: escribir una composición con palabras que tuvieran la “p” al principio como su propio nombre. Al fin, ya llegada la noche, pudo terminar la siguiente composición:
Pérez Pereira pinta pintor pala porrista puerco político perezoso Pepe Betancur.
Un día Pepe puso a la venta un solar grande. Se le presentó un comprador que le pidió el precio del lote pero le pareció exagerado. Entonces éste le dijo:
-Bueno, Pepe. Yo sí estoy interesado en ese lote, muy interesado, pero más interesado estoy en que usted me le quite la mitad del precio y me ponga el precio pa’ yo vendele a usted.
Estaba un día Pepe arreglando un reloj y se quejaba de que no lo podía armar. Intentaba y no daba y no daba. ¡Claro! –exclamó de pronto- Mire usted. ¿Cómo iba a armar ese reloj si me está faltando un tornillo?
Al finalizar la página, me percato de que no he podido pillar ni una sola grosería.