MADRE
...el mundo es, porque existen madres...
Hay una mujer toda llena de ternura,
una mujer que en el dolor se crece,
una mujer que mitiga la amargura
que cada hijo, en ocasión, padece.
Es la mujer que alivia ese quebranto
que siente su hijo cuando está muy triste
y ella se acongoja si él derrama el llanto,
ya que esa es su razón de cuanto existe.
Es la mujer que siempre halla un consuelo
para aliviar los dolores de su hijo;
es la mujer que representa al Cielo
y todo cuanto Dios en la Creación nos dijo.
Es la más valiente cuando hay dolor,
es la más dulce cuando da su aliento,
es la más frágil si prodiga amor
y es feliz cuando su hijo está contento.
Es la madre: mujer, como ninguna, abnegada
hasta la saciedad, si de sus hijos se trata;
debiera ser, en el universo, la mujer amada
como ninguna, por esta humanidad ingrata.
Por eso, no hay que olvidar que sólo hay una
y que hay que venerarla sin medida,
ya que como ella, no hay ninguna;
y, por si fuera poco, nos ha dado la vida.
Barranquilla, 8 de mayo de 1980
A MI ESPOSA: MUJER Y MADRE.
...motivo y razón de la existencia
de todos aquellos que te amamos...
Mujer, esencia y origen de la vida,
adorada ilusión para quien te ama;
déjame expresar toda la llama
resplandeciente que en tu alma anida:
eres al fin y al cabo razón de la existencia.
Yo, que nací de mujer igual que todos,
expreso mi sentir de humilde modo:
será porque me conturba tu presencia;
pues sé que tú, al representar a la mujer entera,
ofrendarás a Dios mi humilde canto
salpicado a veces con un triste llanto,
añorando que no viva quien el ser me diera.
Valledupar, 6 de mayo del año 1999
...en las grises tardes, me sumo en un letargo, y te recuerdo madre mía...
I
Cuando muere una madre el cielo llora,
porque sufre como suyo el colosal dolor
que sienten los hijos, pues han perdido el fulgor
con que el sol solía embellecer su aurora.
Por eso, cada ángel en el Cielo implora,
pidiendo por su descanso al Dios Creador,
para que la reciba en sus brazos con amor,
así como a Jesús, Lo acogió Nuestra Señora.
Cuando Él bajó de la cruz escarnecida
en que nuestros pecados Lo inmolaron
y, por nuestra salvación, diera Su vida.
Porque, cuando muere una madre, honda herida
se clava en el corazón de quienes bien la amaron
y, con lágrimas de dolor, lloran su partida.
II
Quienes ya perdimos a quien el ser nos diera,
sabemos lo que es llevar en el alma hondo quebranto
al sentir que ya nunca más gozaremos de su encanto;
ni el mundo volverá a ser lo que antes fuera.
Porque quien nos hizo ver la luz primera
y alegró nuestra niñez con dulce canto,
ya no está; y nuestro corazón se oprime en llanto
por quien nos quiso, como nunca nadie nos quisiera.
Tener la madre viva es el más grande don del Cielo,
que nunca nadie sabrá lo suficiente agradecer,
porque piensa que nunca va a necesitar consuelo;
ya que sabe que ella satisface su hondo anhelo
de cariño; porque si alguien lo sabrá querer
es la madre: ese ser que nos ama sin ningún recelo.
Valledupar, 12 de noviembre del año 1999
AUSENCIA ETERNA
…porque tú fuiste la mejor madre del mundo…
Hace una eternidad que te moriste,
sin embargo, en mi corazón sigues presente,
lo mismo en mi alma que en mi mente,
como aquella aciaga mañana en que partiste.
Desde entonces, madre mía, vivo muy triste
y, a veces, me siento como ausente,
pero recapacito prontamente
y recuerdo las enseñanzas que me diste.
Por eso, en este nuevo e infausto cabo de año,
he vuelto a sentirme acongojado y conmovido
al saber que tu ausencia aún me hace daño.
Porque mi corazón, triste, adolorido,
te hecha de menos hoy, igual que antaño;
pues siempre, madre, lamentaré que te hayas ido.
Valledupar, 12 de noviembre del año 2007
LOOR A LAS MADRES
¿Qué sería del mundo sin las madres?
Cómo podremos, Señor, agradecer
porque una madre nos hubieras dado;
que nos amara y, con singular cuidado,
nos enseñara el camino del deber.
Que, sin dejarnos nunca de querer
(pues siempre, con cariño abnegado),
apartó nuestros pasos del pecado
y, por tanto, hoy sólo podemos ofrecer
gratitud hacia ella que, junto a nuestro padre,
nos hizo mejores personas cada día;
por eso, gracias por darnos una madre,
que, nos amó como nadie jamás nos amaría,
y ofrendó siempre su sacrificio sin alarde
y nos educó, a pesar de nuestra singular porfía.