‘La experiencia nos llega cuando ya los años nos tienen vencidos; solamente son posibles las experiencias si se tienen expectativas, por eso una persona de experiencia no es la que ha acumulado más vivencias sino la que está capacitada para permitírselas y hablar de ellas con propiedad’. Rodrigo Rieder Durán.
Por Alfonso Fragoso
La Casa de la Cultura ‘Manuel Antonio Dávila’ estaba abarrotada de gente, se notaba un halo de optimismo en los rostros de los asistentes, la mayoría esperaba el acto en el cual se hicieron reconocimientos a varias personalidades de la población.
Ahí estaban los veteranos de San Juan del Cesar, los que de alguna forma se destacaron en la música, la cultura, el folclor y el civismo.
Algunos fueron declarados hijos adoptivos, otros fueron reconocidos por su valor y resistencia a los embates de la vida dura en el área rural.
Cuando fue llamado Alfonso Fragoso, éste llegó sereno y obviando el micrófono a entablar una especie de diálogo con los asistentes con base en el conocimiento y la experiencia en el manejo de multitudes, leyó la más significativa y rica crónica llevada en un papel.
Alfonso Fragoso, un hombre curtido por los años miró a su alrededor, sonrió y sacó de su bolsillo el papel donde mantenía expreso un recordatorio amable de su buen pensamiento sobre el San Juan de su alma.
El ex Alcalde de San Juan del Cesar, había sido condecorado junto con otras personalidades durante las fiestas patronales con la medalla ‘Félix Arias’, comenzó seguro a leer y esto expresó:
“Hoy señores bajo este cielo purísimo en que el pueblo sanjuanero celebra las fiestas de aquel que dijo que no era digno de calzarles las sandalias a quien llegaría detrás de él, ese que nos salvó cuando el ciclón del río Cesar, sus aguas estaban inundando esta población y sus habitantes en procesión sacaron a San Juan Bautista las hizo volver a su cauce.
Parece que la administración municipal conmemorando esta fecha tan grande se dignó seleccionar un número de personas que se han distinguido por sus servicios a esta población y condecorarlos con la medalla Félix Arias, lo que me ha traído al recuerdo los tiempos idos de aquél San Juan del Cesar donde sus calles cubiertas por la arena blanca y su niñez jugaba el chuceleco, esconde la piedra, Emiliano que le dan, la peste, el pájaro pinto, boliches, bajoncillo, trompo, botones, se volaba cometas, y otros juegos más.
No contábamos con luz eléctrica, ni acueducto, ni alcantarillado, nos bañábamos en el río en el célebre Tres Palitos y los Barrancones y el agua para tomar se acarreaba en barriles, latas y las mujeres en tinajas de barro en la cabeza, nos alumbrábamos con lámparas de kerosén, los policías eran de la misma población y a las seis de la tarde salían por todas las calles y con unos pitos le informaban a la población que pusieran las lámparas encendidas en las ventanas o en un clavo que tenían puesto en el quicio donde las colgaban para que diera la luz a la calle.
Los decretos y resoluciones dictados por el Alcalde eran leídos por medio de bandos; este consistía en que una persona tocaba una caja y el secretario de la Alcaldía al reunirse la gente en las esquinas los leía.
Los billares estaban en la casa de José Antonio Mendoza, más tarde el Siboney de José Mendoza, El aire libre de Benjamín Herrera y el Marielena de Gabriel Ariza. El primer carro que hubo en San Juan fue de Juan Carlos Lacouture, lo trajo Juanito Fernández, lo embarcó en ferry en Barranquilla hasta Ciénaga, de allí en tren a santa Marta, de esta ciudad a Riohacha en barco lo condujo hasta la arena y allí lo desarmaron y llegó a San Juan en mulas; y un camioncito Ford 1928 de Machuca, que cuando lo sacaba el dueño a la calle los jóvenes corrían tras él llenos de alegría y le gritaban, “salió La chula de Machuca”. Esto fue por los años de 1948 a 1955.
Los primeros picot de Rafael Fragoso y Tomasito Pontón quienes tenían sus negocios en la Calle del Embudo. La primera fábrica de tejas de cemento fue del doctor Daníes y ‘Juanito’ Fernández quienes se la vendieron a Vicente ‘Chente’ Daza. Los juegos pirotécnicos los fabricaba ‘Juanito’ Fernández. Las crías de cabra de Chemanén Vega, Paula Brito, ‘Mana’ quien tenía un chivato que penetraba a las cocinas y entre los cachos se llevaba los peroles con los alimentos.
En la cantina de Juan Aurelio Díaz donde se reunían ‘Checha’ Urbina, ‘Miro’ y Jaime Ariza, Rafael Escalona, Rodrigo Lacouture y el célebre Fernando Daza ‘Tatica’. Allí comenzó a nacer El Chevrolito. Este era el mejor conocedor e intérprete de la música del maestro Escalona. Teatros como el Estrella y el Marielena donde comenzó a vislumbrarse mi querido gran amigo y compadre ‘Joseito’ Parodi fundador del Festival de Compositores de Música Vallenata de San Juan del Cesar.
La banda de música de viento salía los días patronales desde la esquina de ‘Tanco’ Sarmiento para la puerta de la iglesia tocando a las cuatro de la mañana el rompimiento de nombre la víspera. El día tocaba la santa misa, volvía a las doce del día y por la tarde la procesión.
Esto fue en los años próximos pasados de mi San Juan del Cesar de alma, pero con el correr del tiempo todo cambió y hoy no es ni semejanza porque se pedieron sus costumbres y su cultura, y el respeto por sus mayores.
Señores esto es a grandes rasgos lo que fue el San Juan del Cesar de nuestros progenitores.
A la administración municipal mil gracias por esta condecoración que no merezco, sino ustedes, mis hijos, mi señora Betty Auxiliadora Amaya Vega, Mariana Fragoso mi madre y mis grandes amigos que para mi son mis hermanos: Melba Vega, Rodrigo Elías, Aníbal y Rodrigo Daza y este pueblo sanjuanero a quien quiero con toda mi alma por ser su hijo humilde”.
Entre los asistentes, se impregnó una emoción contagiosa manifestada en aplausos, sonrisas, lágrimas, canciones y abrazos.
Es la semblanza de un personaje, el sentir con el paso de los años a una tierra donde el amor y el costumbrismo se mezclan para simbolizar la real felicidad vivida en un pueblo único: San Juan del Cesar.
Bajó sereno a su casa y allí entendió una vez más como le profesan cariño en esta tierra bañada por el río Cesar aún joven, por muchedumbres con corazones llenos de suficientes espacios para cobijar a la gente buena; allí en esos corazones está ubicado Alfonso Fragoso.