Enfrían Lacera
Con motivo de la celebración de los 462 años de fundación de Valledupar, el alcalde de Valledupar, Fredys Socarrás Reales, condecoró al señor Efraín Lacera, por la contribución hecha a la ciudad tanto al folklor como en el desarrollo empresarial.
Efraím Lacera llegó a Valledupar en 1955, cuando la ciudad apenas comenzaba a crecer y tenía pocos habitantes. Venía de Santa Marta, la gran capital de la que traía la tecnología para instalar las redes domiciliarias del alcantarillado sanitario de Valledupar en un trayecto de tres meses.
Sin embargo, ese lapso de tiempo fue suficiente para dejarse atrapar por la calidad humana de sus habitantes, sumado a eso visionó la oportunidad de una ciudad que apenas comenzaba a despertar en infraestructura, por lo que decidió quedarse, en Valledupar, hasta donde trasladó la pequeña fabrica “Manufacturas de Cemento Lacera”.
Cuando llegaban los carnavales se trasladaba a Santa Marta, donde el jolgorio y la alegría desbordante de la fiesta en las calles lo cautivaban, teniendo en cuenta que los carnavales aquí se celebraban en los salones. Por esta razón, este inquieto samario, un día se vino con un grupo de personas de Santa Marta que trabajaban en la fabricación de tubos de cemento, con una tambora con la que hicieron una replica para salir en los carnavales.
En esa oportunidad salieron con un tubo gigante de cartón acompañado de la tambora y cuando la gente de la carrera séptima escuchó el estruendo dejaron los bares de esa calle solos y se fueron detrás del escándalo y el jolgorio que le dio vida a la calle del Cesar. Así nacieron las tamboras de carnaval que es el elemento fundamental de estas fiestas desde los años 60s.
Cuando se inauguró el departamento del Cesar, Lacera fue el primero en hacer una comparsa que se llamaba Cumbiamba, la cual se estrenó una noche con el aporte de amigos, samarios, barranquilleros y uno que otro vallenato para confeccionar los vestidos que le dieron forma a los que hoy se conocen como las comparsas del carnaval. Progresivamente las tamboras y las comparsas se fueron replicando en los escasos barrios con los que contaba Valledupar.
Hoy, a sus 85 años siguen participando de estas fiestas que con su aporte se popularizaron, pero según sus palabras “de lejitos” porque ya las fuerzas no le dan, sin embargo, sigue con la vitalidad suficiente para atender su floreciente negocio que ha sido reconocido nacionalmente por su aporte al desarrollo regional empresarial.






