Por: Alonso Sánchez Baute
El voto es un acto de confesión. Es un momento de intimidad entre usted y la urna. Así suene a verdad de Perogrullo, nadie tiene derecho a preguntarle por quién votó así cómo usted no tiene derecho a preguntárselo a nadie. Ni su marido, ni su esposa, ni sus padres, ni sus hijos, ni su mejor amigo tienen porqué saber por quien votó usted. El voto es tan secreto como ese recuerdo intimo y doloroso que nos avergüenza o como ese sueño que guardamos tan profundo con la esperanza de que suceda.
Escasos nombres causan confianza entre los que se debaten este domingo en la contienda en el Cesar. No hay mucho de donde escoger, bien sea porque los candidatos están untados de corrupción y paramilitarismo, bien sea porque simplemente son unos ineptos que llegarán al Congreso a no hacer nada más que alimentar su propio poder a partir de clientelismo y tajadas con el Estado.
De la época de la creación del Cesar, cuando un puñado de vallenatos apostó por nuestro futuro con ideas y talante, a quienes hoy aspiran a que les regalemos nuestro voto hay un trecho enorme. A aquellos les interesaba sacar adelante el sueño de una región. Buena parte de los de hoy tan sólo buscan el poder que regala la corrupción; la mayoría de aquellos no tuvo más títulos que un cartón de bachiller. Los de hoy ofrecen una hoja de vida académica que incluye especializaciones y estudios en el exterior, pero realmente para lo único que sirven es para robar.
Pero, ojo: en esto de la honestidad política la culpa no es sólo de los políticos. Si usted vota por un candidato conociendo su ineptitud o su cercanía con la corrupción está siendo al tiempo cómplice de nuestros males en el futuro. No se queje los próximos cuatro años cuando compruebe que nuestro departamento cada vez camina más como los cangrejos.
No coma cuento a ningún político sólo porque es un familiar cercano, un amigo o un simple conocido. Lo que está en juego no es el valor de la amistad sino la lealtad con la Patria. La democracia no es una parranda a la que uno asiste para emborracharse con los amigos. La democracia es un asunto serio que exige nuestra inteligencia, nuestra honestidad y nuestro compromiso con las siguientes generaciones. Sopese las alternativas para que al final pese en su conciencia aquel candidato que usted íntimamente sabe que nos representará mejor que nadie. Si en el abanico ningún candidato le produce confianza, vote en blanco.
El voto en blanco es la mejor expresión de inconformismo. Es un voto inteligente cuando en el panorama se nos ofrece un mundo de corruptos.No es un voto perdido, a menos que usted crea que su opinión no cuenta. Es un voto que le da poder como elector porque es un voto de opinión. ¡Es su opinión! y en la democracia usted cuenta en la medida en que su opinión cuenta. De lo contrario no dejará de ser nunca un equisyezeta que sólo importa para la democracia en la medida en que se deje utilizar por otro que llegará al congreso para robarse la plata de los impuestos que usted ha pagado.
¿Está dispuesto a que un político se quede con su dinero?

