MEDIO AMBIENTE
Última Parte
Por: Hernán Maestre Martínez. *
Valledupar Ciudad Ecológica de Colombia. Recuperemos y conservemos las cuencas de los ríos Guatapurí y Cesar. Hagamos causa común para que el Embalse Los Besotes sea una realidad, es agua para la vida en Valledupar, La Paz y San Diego.
Varios estudios se adelantan actualmente con universidades sobre aguas subterráneas, en montaje de una red más amplia de monitoreo de aires y otro con la Universidad de Cartagena que está a punto de concluir y que corrobora que en la zona minera, al menos tres especies faunísticas habrían sufrido, transformaciones genéticas y que están al borde de la extinción.
No hay, sin embargo, estudio sobre el impacto del polvillo del carbón sobre humanos, lo único que se sabe es que cada año hay más niños y ancianos con problemas respiratorios.
Muy importante sería que la nueva institucionalidad ambiental abordara la evaluación de los Planes de Manejo Ambiental de las empresas desde una perspectiva más allá de las áreas de interés minero, e incluso una evaluación que trascendiera de los límites políticos de los departamentos, pues si por el Cesar llueve en La Guajira no escampa.
Los estudios existentes no tienen esa perspectiva integral y no están llegando al fondo del asunto. Por esta razón la organización Colombia Punto Medio propone a las autoridades contratar una auditoria internacional que examine a profundidad las consecuencias ambientales y sociales de la gran minería y que aporte información científica e irrebatible para tomar medidas de fondo para exigir a las empresas mineras la remediación de los impactos y si es el caso suspender indefinidamente las operaciones mineras actuales que están contribuyendo a la DESERTIZACIÓN de unos de los departamentos agrícola y ganadero más ricos del país.
Los problemas sociales del centro del departamento son ostensibles y el país se enteró de ellos tras el estallido social de enero de 2007, cuando el entonces Presidente Álvaro Uribe Vélez se desplazó a La Jagua de Ibiríco para apaciguar los ánimos de una población cansada de vivir en la pobreza y la minería, al tiempo que la riqueza pasa rauda hacia los puertos de embarque, en trenes y tractomulas.
Un estudio de Acción Social señala que el desarrollo humano en el Cesar es bajo: pese a los multimillonarios recursos que recibieron los municipios carboníferos, la tasa de ejecución fue muy baja, se invirtió en obras que no eran prioritarias o que no estaban en el Plan de Desarrollo, y los índices de gobernabilidad (recaudo de impuestos, violencia y capacidad institucional), son precarios y alarmantes.
Los alcaldes de La Jagua de Ibiríco de los últimos diez años o están presos, en detención domiciliaria o vinculados a procesos judiciales por irregularidades en el manejo de las regalías.
Las cifras de pobreza alcanzan 43% en la zona central del departamento y el índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) que fue del 71,8% en el año 2003. Lamentable que un departamento relativamente rico, además de mantener a la población en las condiciones descritas, no cuenta con cifras más actualizadas y completas para verificar el impacto de la actividad minera sobre la comunidad.
Hoy no hay ninguna población del área de influencia minera en el Cesar donde se viva mejor que antes del boom minero. Servicios públicos precarios o inexistentes, un alto porcentaje de las vías sin pavimentar, familias viviendo todavía en ranchos de paja y bahareque, violencia, prostitución disfrazada, desempleo y una importante población que llega en busca de trabajo en las minas.
Es urgente y muy importante que el gobierno nacional convoque a una gran audiencia pública ambiental regional para que la sociedad cesarense analice sobre lo acontecido hasta ahora y que por consenso el departamento determine su propio futuro.
* Especialista en Gestión Ambiental.






