Por: Miguel Ángel Castilla Camargo
miguelcastillac@hotmail.com
Salmo 101:7, “No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos”. Entonces ¿Por qué se recauda diezmo en las iglesias?
El dador alegre, que da según su corazón, tiene en la ofrenda, la primicia, la limosna, la compasión, el perdón y el amor, las mejores formas de agradar a Dios. Infortunadamente, la iglesia instaurada por Cristo, la que se lleva dentro, dista demasiado de las actuales edificaciones materiales que compiten entre si.
La idolatría por el dinero suele confundirse con la prédica de la prosperidad. Dios dice en Lucas 16:13, “Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Ser cristiano es utópico, y casi nadie llega a tal honor.
Los mercaderes de la fe, esos que adoctrinan, que cercenan libertades, y que someten, siempre comienzan en un garaje y al año ya tienen “iglesia de concreto”, y luego, templos ostentosos. Amén de los súper poderes que adquieren en virtud del ejercicio. Pero como todo debe suceder, como está escrito, así se expresa Dios en Mateo 24:24, “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos”.
Valerse de una doctrina para perturbar, afectar o generar adicción o servidumbre es un delito. Incluso, el constreñimiento ha llevado a muchas personas al suicidio, lo cual típica un delito. Muchos se han arruinado, producto de la sugestión.






