Por: Basilio Padilla
La desigualdad racial en nuestra sociedad es claramente mucho más marcada en los países que poseen una cultura más avanzada, más tecnológica y más refinada. Las raíces de este fenómeno son claras cuando muchos países en Europa y Norteamérica se debaten en una lucha que nunca se había visto antes. En cambio, en nuestro país las cosas continúan siendo lo mismo, con bajo grado de descontento.
En Francia, se levanta una lucha en contra de los grupos del medio Oriente de origen musulmán y los ciudadanos ordinarios piden que se limiten las migraciones a todos los ciudadanos de otros países. En España la migración de personas latinoamericanas ha ocasionado protestas y ataques personales nunca antes vistos, que en ocasiones han sido feroces y contundentes.
En los E.U., la lucha es mucho más marcada y por eso estamos viendo leyes tiránicas como la del estado de Arizona y la rebelión total en contra de la construcción de la mezquita musulmana en la parte baja de Manhattan.
Ayer tuve la oportunidad de presenciar desde Washington dos marchas de miles de personas de clases totalmente diferentes: la primera liderada por el reverendo Al Sharpton, de raza negra, en conmemoración del líder caído Martin Luther King y la otra liderada por un blanco supremamente conservador Glenn Beck, que también quiere regresar a los valores de antes, porque piensa que los lideres presentes, incluyendo al presidente Obama, quieren destruir al país. Parte de este grupo conservador es la ex candidata a la vicepresidencia Sara Palin.
La lucha de clases se ha recrudecido, y como resultado todos los días se inventan leyes en contra de otros grupos sociales. Lo único que no se ha visto hasta ahora es alguna propuesta en contra de los grupos étnicos indígenas, porque ellos fueron los nativos y verdaderos dueños de estas tierras, así como también de las nuestras.
El origen de estas luchas de clase tiene muchos factores: civilización, economía, terrorismo, religión y los alcances personales de muchos individuos de estos grupos, que amenazan hegemonías creadas hace muchos años. Otro de los aspectos importantes de esta lucha son los difíciles tiempos económicos, amenaza de una doble recesión, impuestos, gastos gubernamentales exorbitantes, costosos programas sociales, baja producción, aumento del desempleo a nivel mundial y el lema de defender lo que ha quedado del viejo mundo.
A pesar de que son los países industrializados más afectados por esta ola de descontento y lucha social, no se descarta el mismo fenómeno en nuestros países subdesarrollados, al menos que se tomen los correctivos desde ahora, como por ejemplo, la mejor distribución de nuestras riquezas, la generación de empleo, la educación para todos y la eliminación de las profundas diferencias sociales basadas en parámetros económicos.
Los pobres y los ricos tienen que aprender a vivir en armonía, con una integración que prevenga la concentración excesiva de todas las riquezas en manos de unos cuantos.
En nuestro país el incremento de la clase media podría ser el puente de tal armonía, ya que en el tiempo presente, esta clase es casi no existente. Se tienen que crear las oportunidades para que nuestra sociedad pueda funcionar con un amplio margen de satisfacción. También esto implica la creación de aéreas disciplinarias que todos tengamos que seguir, sin tener en cuenta el color de nuestra piel o el estado económico que tengamos. Para otros países como los E.U., que por mucho tiempo fue el paraíso para muchos, el futuro no le mira tan brillantemente. El viejo continente lo hará mucho mas difícil para cualquier individuo que quiera llegar a sus costas, ya sean latinoamericanos, africanos o del medio oriente.






