EDITORIAL

La crisis y la reforma a la administración de Justicia

La contienda electoral por los gobiernos municipales y departamentales, que mañana llega a su fin, ha dejado de lado otros temas esenciales para el país, y que están a consideración del Congreso de la República, que en esta legislatura ha estado más atento a la política local que a los grandes problemas nacionales. Uno de […]

La crisis y la reforma a la administración de Justicia

La crisis y la reforma a la administración de Justicia

Por:

@el_pilon

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La contienda electoral por los gobiernos municipales y departamentales, que mañana llega a su fin, ha dejado de lado otros temas esenciales para el país, y que están a consideración del Congreso de la República, que en esta legislatura ha estado más atento a la política local que a los grandes problemas nacionales.
Uno de esos, entre muchos otros temas, está relacionado con la administración de justicia. Y el mismo se ha vuelto a poner en la agenda informativa del país, por parte del banquero, Luis Carlos Sarmiento Angulo, en la reciente Asamblea de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), realizada esta semana en Bogotá.
Es un hecho curioso que un evento dedicado al análisis sistemático de la coyuntura económica nacional, como es la asamblea anual de la Anif, esta vez el tema central haya sido el problema de la congestión de la rama judicial, que en opinión del ilustre banquero se ha convertido en un problema que agobia al ciudadano común y corriente, pero que también afecta el mundo de los negocios.
Son dos hechos ciertos y  concretos que hoy agobian a la sociedad colombiana: la sensación de la falta de justicia; la percepción, fundamentada o no, que al delincuente inclusive reincidente no le pasa nada y que violar las normas no implica nada, todo vale como en el famoso tango “Cambalache”. Pero esa percepción, además hace que muchas veces el ciudadano común y corriente, luego de ser víctima de un delito no denuncie y se resigne, hasta cuando la inconformidad lo pueda llevar a tomar la justicia por mano propia…
Y por supuesto que la falta de una administración de justicia, oportuna, eficiente, adecuada y justa, valga la redundancia, afecta el mundo de los negocios, en todos los niveles, como lo han demostrado distintos estudios, tanto desde la economía, como desde el Derecho.
No obstante, sin desconocer la importancia que Sarmiento Angulo vuelva a plantear el tema, hay que reconocer que el mismo viene siendo objeto de preocupación por parte del Gobierno Nacional, principalmente por el nuevo Ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra Portocarrero, como de las altas cortes, comenzando por el Consejo Superior de la Judicatura que, desde el punto de vista institucional, tiene la dirección logística de la rama Judicial.
Consideramos que el país pareciera no ser plenamente consciente de la gravedad del problema de la Justicia; principalmente, hoy lo reiteramos, de la falta de una buena y confiable a administración de justicia.
No sólo está el problema de la congestión, que obviamente requiere más personal y recursos técnicos, logísticos y financieros; más allá de eses problema, y quizás más importante aún, es la falta de respeto y la pérdida de confianza en la administración de justicia. La rama toda en su conjunto ha perdido la majestad que otrora tenía…
Por supuesto, debemos creer que la gran mayoría de los fiscales, jueces y magistrados son funcionarios honestos, probos, idóneos y bien intencionados; ni más faltaba, pero la percepción que hay en el ambiente, al interior del sistema judicial y también fuera de él, tanto en el nivel central como en las regiones es que la rama ha sido víctima también de la politización y el clientelismo…
De allí la importancia de una reforma a fondo al sistema, no sólo mediante un Plan de Choque, del que ha hablado Sarmiento Angulo y que ha sido bien recibido por el Presidente Juan Manuel Santos, sino de un cambio total a la rama, con el fin de recuperar su majestad y su pulcritud, para que vuelva a ser confiable y respetada, para bien del ciudadano común y corriente que hoy clama por una administración de justicia accesible, oportuna, seria y eficiente, que es una de las razones del Estado de Derecho que nos ufanamos tener.

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