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” Goces espirituales y físicos, causados por la tormenta”. Baudelaire

CORTÍSIMO METRAJE   Por Jarol Ferreira Acosta   Por ser lluvioso mayo es un mes cargado de alergias e inundaciones. En el aire las colonias de microbios aumentan las enfermedades respiratorias mientras que en las cuencas de los ríos los caudales rebosan las obras parapeteadas con pequeños porcentajes de las sumas facturadas en los contratos de […]

” Goces espirituales y físicos, causados por la tormenta”. Baudelaire

” Goces espirituales y físicos, causados por la tormenta”. Baudelaire

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CORTÍSIMO METRAJE

 

Por Jarol Ferreira Acosta

 

Por ser lluvioso mayo es un mes cargado de alergias e inundaciones. En el aire las colonias de microbios aumentan las enfermedades respiratorias mientras que en las cuencas de los ríos los caudales rebosan las obras parapeteadas con pequeños porcentajes de las sumas facturadas en los contratos de contingencia al invierno de la Administraciones Públicas pasadas. En algunos casos la desviación del cauce original lo enfrenta a las parcelas y barrios marginales, antes  paralelos a la ribera; en otros los jarillones son absurdas islas de concreto sumergidas en medio del nuevo recorrido que toma el descenso de las aguas lluvias desde los cerros.

 

1. Mayo.  Lágrimas que caen entre un hacinamiento de verdes. La tierra antes sedienta rebosa humedad. Mayo. En los potreros los rebaños pastan sobre hierba biche. Mayo. Aire colmado del olor de las pulpas maduras de las frutas.  Mayo. Brisa marina  remplazada por  lluvia de páramo, que colorea de neón lo que antes fueran sienas y ocres. Mayo. Bondadosa y letal la madre naturaleza propaga vida.

 

2. Mayo. Mes de La Virgen María, día de las madres. El complejo de Edipo y la compulsividad salen a comprarles regalos a las venerables señoras. En los barrios y pueblos se rifan cerdos y gallinas para celebrarle con sancocho a la cucha.  En las ciudades, locales y centros comerciales intentan seducir clientes. Mayo. Rateros que salen en busca de obsequios para sus progenitoras. Mayo. Fertilidad. Embarazos, partos. Mayo. Pólen y abejas. Quinto mes. Escuadrones de cotorras sobrevolando  cosechas de ciruelas y mangos durante el día y durmiendo sobre los copos de las palmeras durante la noche. Mayo. La lluvia impregna al Valle con su cuerpo.

 

3. Mayo. Una recién llegada de la capital del Reino Unido sufre una rinitis aguda, al pasar de siete a treintaiséis grados centígrados. Antihistamínicos, reposo, limonada caliente y líquidos. Valledupar es verde, Londres es gris. Estuvo bien  y contenta, aprovechando el entorno cultural que ofrece esa ciudad. Estuvo en una exposición de Leonardo Da Vinci. Por primera vez estaban los dos cuadros de La Virgen de Las Rocas, la primera y segunda versión; el cuadro que está en el museo de Louvre y el que está en la National Gallery.  Para entrar hizo una fila de dos horas, y otra más para comprar la boleta. De ocho a once de la mañana, pero valió la pena el sacrificio. Salió a las tres y treinta de la tarde. Le encantó, y le pareció que no hizo falta que trajeran el cuadro de La Monalisa.  En  el séptimo salón había una réplica de La Última Cena que le acordó de una cena que yo pinté.

 

Mayo es un mes mediado por una lluvia intensa que  venía cayendo desde finales de abril, al inicio de la primavera, y que terminará hostigándonos como una visita fastidiosa, como una deuda por pagar, como una gotera en la cabeza, como una novia fea. Un mes de una lluvia socialista, empapadora de ricos y pobres desprevenidos sin paraguas en las callecitas del centro. Un mes de accidentes de tránsito por árboles caídos sobre la carretera. Un mes hecho a la medida de los contrastes. Un mes de frío y calor sobre los cuerpos de los que salen a rebuscar el diario entre los charcos, sobre el asfalto y el pavimento.

 

Estos días de mayo son resbaladizos, húmedos y calientes, como los amantes. Imprescindibles como un romance, aunque sean bipolares. Amanece nublado, sale el sol a medio día y por la tardecita se desatan las tormentas. Mayo llegó a tiempo y en su momento se irá. Treinta y un días le bastan para vivirlo todo.

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