EDITORIAL

El campo y el futuro del Cesar

La historia del departamento del Cesar ha estado marcada por el desarrollo de su sector agropecuario. Desde su creación, en el gobierno del Presidente Carlos Lleras Restrepo, en 1967, se proyectó que la agricultura y la ganadería serían los ejes fundamentales del porvenir económico y social de este departamento, en su momento considerado piloto para […]

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Por:

@el_pilon

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La historia del departamento del Cesar ha estado marcada por el desarrollo de su sector agropecuario. Desde su creación, en el gobierno del Presidente Carlos Lleras Restrepo, en 1967, se proyectó que la agricultura y la ganadería serían los ejes fundamentales del porvenir económico y social de este departamento, en su momento considerado piloto para el resto del país, como bien logró definirlo su primer gobernador, Alfonso López Michelsen.
Sin embargo, con excepción de la bonanza algodonero, la permanencia del arroz y de proyectos en cultivos de largo plazo, como café y palma africana, principalmente, la historia de la agricultura regional no ha sido color de rosa. Y – por el contrario- se ha caracterizado por sufrir, inclusive más que el resto del país, la falta de claridad en materia de políticas nacionales para el sector agropecuario.
En este sentido, debemos ser reiterativos: la crisis corresponde – en buena parte- a la falta de políticas nacionales claras para el sector primario de la economía. Esta ha adolecido de una visión integral, articulada y de largo plazo. Unas veces se ha privilegiado la distribución de tierras, otras veces se le ha dado énfasis al crédito, pero Colombia como país no ha logrado construir unas políticas sólidas que contemplen todos los factores y variables de la producción de ese sector: la tierra, el crédito, las vías, la tecnología, el mercadeo, la capacitación, etc.
No obstante lo anterior, hay que trabajar, valga la redundancia, con lo que da la tierra, y utilizar los recursos disponibles; es decir, las políticas y los instrumentos que hoy tiene establecido el gobierno nacional. En este sentido, en la pasada visita del Presidente Santos, con motivo del Acuerdo para la Prosperidad, hubiéramos querido ver a un Ministro de Agricultura, como Juan Camilo Restrepo Salazar, más propositivo con el sector agropecuario cesarense, que tanto ha sufrido en las últimas décadas como bien lo sabe el país.
En ese orden de ideas, el inicio de un nuevo gobierno departamental, en este caso la administración de Luis Alberto Monsalvo Gnecco, puede ser una buena oportunidad para replantear las políticas territoriales para este importante sector de la economía, de la mano de una persona joven, pero amiga y conocedora del sector como es Carlos Muñoz Vélez.
Ha hecho bien la Asamblea Departamental, en propiciar un diálogo franco, abierto y constructivo, para hacer un diagnóstico colectivo de la situación del sector, a partir de la visión de los dirigentes gremiales y los empresarios, cultivadores, ganaderos y campesinos, con el fin de buscarle salidas concretas y efectivas en el corto y mediano plazo, con el fin de convertir al Cesar en una importante despensa agrícola de la Costa y el país, como lo pensaron hace varias décadas líderes de la talla de Clemente Quintero Araujo, que además de la actividad política, se dedicó a la dirigencia gremial cuando comprendió que el futuro de esta región del dependía de saber administrar los recursos de los cuales la dotó la madre naturaleza: buenas tierras, agua y ganados.
Ojalá se logre un fructífero proceso de concertación entre los sectores público y privado para buscarle senderos de progreso a la agricultura y la ganadería del Cesar, en momentos en que el gobierno nacional habla esta “locomotora” del desarrollo, que ahora tendrá inmensos desafíos, pero también posibilidades con los escenarios que abre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos y todo el proceso de globalización de la economía nacional, en el cual el Cesar tendrá que buscar una inserción no traumática. El reto es grande.

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