Por Miguel Ángel Castilla Camargo
El hecho de que exista la Asociación de Trabajadores Enfermos del Carbón de La Jagua de Ibirico, Asotrecaj, y la Asociación de Trabajadores Enfermos en la Drummond, Asotred, deja sin piso el concepto cínico de «patrones» de las multinacionales que sostienen que no pasa nada.
Los ríos Calenturitas, Tucuy, Sororia, Maracas, San Antonio y la quebrada El Pajuil, que bordean y recogen los químicos de los botaderos de escoria, se convirtieron en los primeros damnificados de la inoperancia del Estado y la desmedida voracidad destructora de las multinacionales. Menos mal, a esta zona han entrado en el último mes una docena de periodistas, investigadores, ambientalistas y también funcionarios íntegros a los que no pudieron agasajar estas empresas como es la costumbre. En el caso propio, es vergonzoso, y cuestionable los tipos armados que me abordaron varias veces con caras de pocos amigos. Llegaron al extremo de decirme que los ríos eran propiedad privada. Para colmo, para dar la impresión de estar colaborando con la «fauna», han reproducido miles de serpientes con el fin de generar miedo en las comunidades.






