Por Miguel Ángel Castilla Camargo
miguelcastillac@hotmail.com
Por cuestiones periodísticas me tocó indagar sobre si realmente existían las brujas, y para sorpresa mía, comprobé que era cierto.
La famosa Chechi, de “pelo coposón, cejas encontradas y nariz fileña” como la de una canción vallenata, es una india curandera que lee el tabaco, el café, la pepa del aguacate y hasta el brinco del sapo; es una flaca exquisita con unos pitones amenazantes que podría llevarnos a las mejores épocas de la lactancia. Hace unos años escribí sobre ella con cierta inocencia, y digo inocencia, porque en ese entonces se le sentaba a uno al frente en una mecedora, sin pantaletas, con sus piernas de mulata desenfrenada y cualquiera quedaba bobito. Debo decir que la Chechi de hoy en día es una gran empresaria que te trae al marido perdido, te arregla a la novia loca, te pone a caminar derechito al hombre infiel, te encuentra al hijo extraviado -si no lo tiene las Farc por supuesto-, y te dice hasta de que vas a morir, algo que se creía exclusivo de Dios.






