Por: Luis Elquis Díaz
El folclor Vallenato identificado por sus cuatro aires musicales: Paseo, Merengue, Son y Puya, ha logrado trascender bajo la ejecución de los hombres de a pie, labradores del campo, cultores de un talento natural para tocar el acordeón, un instrumento de origen alemán que compagino con el sonido del tambor africano y de la guacharaca de raíces indígenas.
La creación de las letras y melodías tuvieron un origen anterior al nacimiento del Festival de la Leyenda Vallenata, por lo tanto, la proclamación de un acordeonero como Rey Vallenato, se constituía simplemente en la ratificación de los dotes de su talento. Es tan evidente esta situación que bien podemos enumerar acordeoneros que sin ser Reyes Vallenatos, no solo triunfaron en la música, sino que también contribuyeron a engrandecer el Folclor. Actualmente ser Rey Vallenato es sinónimo de grandeza mediática, asimismo, sirve para hacer parte de la bella historia inmaterial de nuestro folclor, pues también podemos reconocer reyes vallenatos sumidos en el anonimato.
Los creadores de cualquier género artístico sustentan su inventiva con base en el talento natural que surge como flores silvestres en la naturaleza. Por esta razón cuando la música no tenía connotación comercial su inspiración se basaba en la cotidianidad y en la naturaleza.
Frente al exuberante talento desplegado en toda la Región del Valle del Cesar y la Guajira, surge la gran idea de convocar a los acordeoneros para que se batieran en una tarima para definir entre todos nota a nota a un Rey del Acordeón. La idea de negocio se le ocurrió a la familia Araujo, ¿o hubo otra? ellos rodeados de buenas relaciones con el ámbito político, iniciaron una empresa que el próximo mes de abril se cumplirá la Cuadragésima Quinta Versión.
La combinación del talento innato de nuestros músicos convertidos en juglares y el tratamiento empresarial impreso por sus gestores, fue conjugando momentos para convertirse actualmente en la gran empresa que representa. Ninguna empresa es rentable a partir de su inicio, por el contrario merece mucho esfuerzo, paciencia y aportes de capital. Sin duda alguna la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata es un negoción, pero para llegar a convertirse en ese fenómeno tuvieron que pasar 45 años. No quiero intervenir como defensor de ninguna de las partes de una controversia bizantina; sin embargo, es mi deseo permanecer ecuánime en mis apreciaciones en torno a la situación.
En ese sentido es menester comprender el objeto social de las fundaciones, modelo en el cual se cubre todo el andamiaje empresarial del festival. De igual manera lo relacionado con el origen de los recursos para la construcción del Parque de la Leyenda, cumplir con su responsabilidad social, fundamentalmente con los Reyes Vallenatos y juglares en desgracia y naturalmente no descuidar el semillero. La fundación debería ser un libro abierto para la sociedad y las instituciones que realizan el control respectivo. Cumpliendo con esas obligaciones con seguridad no habría espacios para controversias ni líos jurídicos, además es preferible que el Festival se encuentre en manos privadas y no en las del sector público, pues con toda seguridad Colombia no seria reconocido mundialmente por la grandeza de nuestro folclor.
La administración del Parque de la Leyenda se constituye en otro punto de la discusión; la decisión más acertada y salomónica sería entregarlo a la fundación en comodato, estableciendo unas líneas de cuidado y mantenimiento para que ese monumental escenario no sufra la misma suerte que el estadio Armando Maestre Pavajeau y el Coliseo Julio Monsalvo Castilla, por mencionar este par de ejemplos.
Elquis0127@hotmail.com
Danza con Lobos
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