COLUMNISTA

Beersheva

Por: Valerio Mejía “Y de allí subió a Beersheva. Y se le apareció el Señor aquella noche…”  Génesis 26:23-24 Saludo cordial para todos los amados lectores. Después de unas largas vacaciones en el mes de enero, aquí estamos nuevamente, iniciando nuestro decimoprimer año de colaboración ininterrumpida con el diario EL PILÓN, quienes generosamente nos dan […]

Por: Valerio

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Por: Valerio Mejía

“Y de allí subió a Beersheva. Y se le apareció el Señor aquella noche…”  Génesis 26:23-24

Saludo cordial para todos los amados lectores. Después de unas largas vacaciones en el mes de enero, aquí estamos nuevamente, iniciando nuestro decimoprimer año de colaboración ininterrumpida con el diario EL PILÓN, quienes generosamente nos dan la oportunidad de ofrecer como columnistas nuestras reflexiones y aportes a la armonía y bienestar de todos los coterráneos.

Quiero comenzar el año, refiriéndome a aquella experiencia de Isaac en el valle de Gerar y sus peleas y disputas por causa de los pozos de agua que sus siervos cavaron en el valle. Esek, Sitna y Rehobot, los nombres de los pozos, muestran un camino de aprendizaje en la experiencia del trabajo, pero también en la dependencia de Dios.
Y finalmente, después de tantos sinsabores; cuando subió a Beersheva, justo allí, se le apareció el Señor. Se le apreció esa misma noche, la noche en que fue a Beersheva. Sinceramente, no creo que esta revelación haya sido por casualidad, ni que el tiempo en que ocurrió también lo fuera. No creo que una revelación semejante pudiera haber ocurrido en otra noche cualquiera.
¿Por qué Isaac recibió la revelación en la noche en que llegó a Beersheva? ¡Porque esa fue la noche en que halló descanso!. En los lugares anteriores había estado atormentado por los conflictos. Las constantes riñas y disputas por la posesión de los pozos le habían robado la paz y la serenidad necesaria para ver a Dios.
No hay molestia más grande como las pequeñas inquietudes, las discusiones y riñas con sentimientos negativos que se acumulan. Aún después de haber pasado la contienda por los pozos, el lugar le dejó un recuerdo desagradable, a tal punto que Isaac decidió marcharse. Buscó un cambio de escenario. Quitó su tienda del sitio en que tuvo lugar la contienda. Entró en una tierra de paz; y entonces allí, aquella misma noche tuvo la revelación.

Dios le habló a Isaac cuando no tenía ninguna tormenta interior. Dios no puede hablar cuando tenemos la mente irritada. La voz de Dios reclama el silencio del alma. Solamente en la quietud del espíritu, podemos oír el susurro de la voz de Dios.
Amados amigos: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”. En la hora de la perturbación ni siquiera podemos oír la contestación a nuestras oraciones. En ocasiones, puede parecernos que las respuestas de Dios nos llegan con mucho retraso. Es difícil ver la respuesta en el momento del trueno y el temblor; pero cuando cesa el clamor, cuando viene la calma, cuando nuestra mano deja su angustioso llamado, cuando nuestro interés por la vida de otros, rompe la tragedia de la nuestra, entonces aparece esa respuesta tan esperada.

Debemos tener reposo y calma si queremos obtener el deseo de nuestro corazón. El apremio de las necesidades no debe alterar el curso normal de la confianza en la provisión de Dios. De cara a la tormenta, podemos escondernos detrás del altar de la intimidad, y seguro que esa misma noche, el Señor se nos aparecerá.
Creo que las lecciones más grandes de la vida son las que aprendemos no en la captación formal del conocimiento, sino en el silencio del alma, en la quietud y el reposo, en la presencia del Dios bueno y amante.
Caro amigo, en la vida de cada uno de nosotros y en medio de las tempestades, las aflicciones, los disgustos desagradables y las derrotas aplastantes, siempre habrá un lugar de reposo, siempre habrá un Beersheva de Dios donde podremos encontrarnos con él y recibir de su revelación. Salgamos de los lugares de derrota y de tormento y subamos hasta Beersheva. ¡Ánimo, hay un lugar de reposo esperando por nosotros!

“Querido Dios: Gracias por el Beersheva que está en mi corazón. Recibo la revelación que trae promesas nuevas y frescas para mi vida. Amén”.
Te mando un abrazo  y la seguridad de mis oraciones por tu vida y tus planes en este 2012.

valeriomejia@etb.net.co

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