En los últimos meses han sido buenas, en términos generales, las noticias sobre la economía colombiana. El país viene presentando unas tasas de crecimiento económico aceptables, en los últimos meses, gracias a la reactivación de la demanda interna, el consumo y la inversión.
Las tasas de interés están relativamente moderadas, a pesar de la decisión de la Junta Directiva del Banco de la República de la semana pasada, de subir de 4,75 al 5 por ciento sus tasas de intervención, es decir aquella a la que le presta a los bancos, está fluyendo el crédito al sector real, y – a pesar de la revaluación- las exportaciones mantienen un comportamiento dinámico.
Los nubarrones en el panorama económico se siguen presentando con las cifras del desempleo, que se mantiene en dos dígitos (10,8 en la tasa promedio nacional), y en 11,4 por ciento en el promedio de las trece principales ciudades del país.
No hay ninguna caída como lo han querido presentar algunos funcionarios del gobierno, es sólo una disminución, aunque muy importante. En cifras absolutas, aproximadamente dos millones y medio de personas están desempleadas en el país.
Lo anterior significa, en plata blanca como se dice, que en Colombia persiste un modelo de desarrollo con crecimiento económico, pero poco generador de empleo. Es un modelo intensivo en capital, reiteramos, por ejemplo en el sector minero, y no tan intensivo en mano de obra.
El deber del Estado, y en particular del gobierno nacional, es estimular la inversión generadora de empleo, ojalá en sectores intensivos en la generación de mano de obra, como es el caso de la vivienda y la construcción de infraestructura, entre otros. En este sentido, se podría pensar que van bien encaminadas las inversiones que se harán para reconstruir las zonas afectadas por el invierno, pero también estamos a tiempo de revisar las famosas locomotoras, es decir los sectores escogidos como líderes y que deben ayudar a impulsar a otros sectores.
El debate sigue abierto y -debemos insistir, era una crítica que le hacíamos al anterior gobierno nacional- en que se deben tener una serie de políticas proactivas y bien centradas en la promoción del nuevo empleo. Este es uno de los retos que tiene el nuevo Ministro del Trabajo, Rafael Pardo Rueda, quien ha venido promoviendo una serie de planes regionales de generación de empleo.
El país está en mora de discutir una política integral, consistente y sólida en esta trascendental materia: fomentar la generación de nuevos y masivos empleos. Y ese debería ser la prioridad de Pardo en el montaje del nuevo Ministerio.
En el plano local, es decir pensando en Valledupar y el Cesar, es necesario estimular y fomentar programas que estimulen la generación de empleo, como la vivienda y en particular la de interés social; pero, a mediano plazo, se requiere una nueva Secretaría encaminada a fomentar la economía popular urbana y rural, que trabaje temas como el fomento de las micro y fami-empresas, el apoyo al agro de la ciudad, entre otras opciones. Esta propuesta es una de las prioridades de la gestión del Alcalde, Fredys Socarrás Reales.
Sin desconocer que este tema depende, en su mayor parte, de políticas macroeconómicas y estas son del resorte del gobierno nacional; somos partidarios de que los gobiernos locales, departamental y municipal, tengan programas serios, eficientes y transparentes contribuyan, también, al fomento de la creación de empresas y por medio de estas a la generación de empleo. El desempleo es el problema económico y social más importante que tiene el país y es el gran lunar de una economía que, en otros frentes, está dando buenas noticias. La promoción de generación de empleo debería ser prioridad de los gobiernos locales.






