Por: Julio C. Oñate Martínez
Nunca antes en el curso de nuestra historia musical había llegado el vallenato tradicional a niveles tan críticos por no decir agónicos, respecto a su diluida identidad que día a día nuestros interpretes se encargan de desdibujar y aunque exentos de mala fé en sus intereses comerciales, no han tenido la más mínima prudencia para evitar un estrepitoso desastre folclórico.











